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EL SALÓN

Los padres de mi amigo Juanito se compraron un chalet en el campo muchos años atrás, con la idea de convertirlo en un espacio cómodo en el que descansar de las estresante ciudad. Para ello, decidieron que lo mejor era tener un gran salón comedor con una gran televisión, equipo de música, mesa para varios ordenadores, para las comilonas familiares, etc. Poco a poco fueron haciendo obras y más obras, luego buscando muebles y más muebles, hasta que el salón quedó de catálogo.

Tan bien quedó el salón, que la madre no quería que se estropeara, por lo cual Juanito acabó teniendo que ver la televisión en una silla que traía de la cocina (“para no deformar el sofá”), montando y desmontando la videoconsola cada vez que quería jugar (“esos cables feos rompen el equilibrio del salón”) y, obviamente, quedando con los amigos en cualquier otra habitación (“es que venís con los zapatos sucios del campo”). Al final, el salón solo lo usaban el padre, la madre y las visitas, puesto que Juanito acabó desistiendo y largándose a su dormitorio para hacer cualquier cosa.

Aunque Juanito ya no amenazaba la santidad del salón, que estaba más lindo que nunca, el padre podía manchar el sofá cuando veía el fútbol, pues comían patatas fritas y bebía refrescos. Así que Don Juan, al poco tiempo, se encontró instalado en el garaje, sentado en una incómoda silla de playa y viendo los partidos en un televisor de ridículas dimensiones. Al final, el salón solo lo usaba la madre y las visitas.

Ocurrió, hay que ver, que la madre se quejaba mucho de que el salón se ensuciaba por poco que lo usara, y que era una lata limpiarlo a todas horas, así que hizo obras en el garaje y lo convirtió en una salita. Don Juan, al menos, pudo disfrutar de un sofá y una pantalla grande. Al final, el salón ya solo lo usaban las visitas.

Curiosamente, a las visitas de costumbre, la madre de Juanito las empezó a llevar al garaje, que había quedado muy mono después de tanta obra. Curiosamente, el salón comedor, la gran estancia de la casa, es un hermoso espacio que parece sacado de un catálogo y que solo se emplea de muy tarde en tarde, cuando viene alguna visita con la que haya poca confianza. El espacio mejor de la casa queda reservado, por lo tanto, para la gente menos importante. Cuanto menos es curioso.

2012-09-17 07:16 | 8 Comentarios


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Comentarios

1
De: Javi F Fecha: 2012-09-17 10:59

Es curioso, pero normal en muchas casas. En mi casa de Cádiz pasa eso: el salón -la mejor estancia en tamaño- está reservada para eventos importantes (o, cuando no tenía televisión en mi habitación, para los partidos del Cádiz).

Pero eso tiene una explicación: el salón suele estar predispuesto para visitas, mejores muebles, sofá más vistoso, etc..., pero la sala de estar es mucho más cómoda, es más fácil de calentar en verano y de enfriar en invierno, es más acogedora, el sofá es más de batalla -y por tanto más cómodo-.



2
De: Javi F Fecha: 2012-09-17 11:00

Obviamente en verano se enfría y en invierno se caldea...



3
De: Jose Joaquín Fecha: 2012-09-17 11:51

La justificación puede ser variada, pero el resultado es el mismo: en la mayoría de las casas, la habitación mejor acondicionada y más amplia no se emplea.



4
De: Jose Joaquín Fecha: 2012-09-17 11:52

Al precio que está el metro cuadrado, sería mejor invitar a las visitas a tomar café a un bar, y emplear esos preciados metros cuadrados para otra cosa jajajaja.



5
De: Javi F Fecha: 2012-09-17 13:15

Realmente es por comodidad. En mi casa, por ejemplo, el salón puede ser la habitación más grande, pero por ejemplo no es la más luminosa y el resto no son chicas. Eso hace que quede como un espacio reservado, no para las visitas, para cuando estamos en casa toda la familia o para ocasiones especiales. Mientras que el cuarto de estar es un espacio mucho más acojedor para todo.



6
De: El Sangre Fecha: 2012-09-17 15:48

Yo solía llamar al salón de la casa de mis padres como la habitación de jugar a la consola, porque había una tele y nadie hacía nada allí y sólo "servía" para dos cosas: para ser limpiado y para jugar a la consola cuando me viniese bien. Tenía y sigue teniendo dos preciosos y comodísimos sofás perpendiculares a la tele, por lo que jugar a la consola durante un rato ponía a prueba la elasticidad de tu columna vertebral. Finalmente terminé con una tele pequeña en mi cuarto y allí monté la consola. Actualmente sigue teniendo dos utilidades, para ser limpiada y para que el gato se duerma las siestas sin que nadie le moleste.

P.D. El gato va alternando de sofá para ir dejando pelos por igual.



7
De: Ky Fecha: 2012-09-17 16:04

Conozco un caso muy parecido, sólo que añadiendo un "limpiar todo el día para que esté impecable".



8
De: skullpirates Fecha: 2012-09-26 17:45

Realidad aplicable no sólo a mi barrio según veo.



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