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PENITONTA
Todo por culpa de la niña mayor, que quería salir de penitente para no dejar sólo al novio, pobrecito, con lo larga que se hacía la procesión y la de pelanduscas que iban a coger cacho, todas maquilladísimas de la muerte, las muy lagartas. Y allí se coló la familia al completo, a animar a la niña en aquella maratón a cámara lenta que son las procesiones. Y cuando la procesión llegó, cuando el Cristo del Borrico de los Olivares - o como diantres se llamara aquel icono – se paró de una vez por todas y los cargadores se felicitaron a sí mismos, mientras los padres daban besos a sus hijos, primos, hermanos, y Pepe a su hija y a su yerno (qué otro remedio le quedaba) … mientras todo eso ocurría, Pepe se fijó en una niña que se quitaba el capirote, y a la par que le metía un trago largo a una coca-cola, le decía a las amigas que la vitoreaban cual heroína: “¡Quilla, un porrito bueno ahí ya, que me descompongo!” Y Pepe pensó que, cago en la mar, qué irónico y contradictorio era esto del capilleo y de los golpes en el pecho. 2008-03-20 09:27 | 5 Comentarios Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gadesnoctem.blogalia.com//trackbacks/56367
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DIARIO DE UNA NIÑERA EN BIRMINGHAM (Alejandra Flores)
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