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LIBROS DEL FUTURO Hoy me he despertado en el futuro. Ya ven ustedes, esas cosas que pasan cuando uno bebe un par de copas de más. Un sitio maravilloso, no se crean, quitando que la luz del sol no traspasaba la contaminación y las máscaras de oxígeno eran un poco molestas. La cosa es que, aprovechando mi viaje me he autoplagiado un texto que subiré a mi bitácora en el año 2043. Aquí lo tienen:
Yo soy un nostálgico, ustedes ya lo saben, siempre hablando del pasado y esas pamplinas. Y a veces me da por recordar usos y costumbres de mi infancia, cosas que ya se han perdido o están en vías de extinción. Cuando comparto estos pensamientos, mis lectores más maduros recapacitan, recuerdan, lo mismo se entristecen de ver lo rápido que cambian las cosas; los más jóvenes se extrañan, imagino yo, pensando lo raro que era todo antes de que ellos estuviesen aquí. Hoy les voy a hablar de una costumbre que tenían las editoriales hace ya muchos años: ganar dinero vendiendo libros. Esta técnica, que supongo que a todos les extraña y asombra por igual, consistía en seleccionar los libros o autores que pudiesen tener mayor impacto en el mercado. Luego se añadía, quien se lo pudiera permitir, una campaña publicitaria, para que todo el mundo supiese que el libro estaba ahí, y que era un regalo de cumpleaños excelente. Finalmente, se ponía a la venta, y con las ventas se sufragaba el gasto editorial, se pagaba al autor y, con suerte, se obtenía un beneficio que permitía invertir en nuevos libros. Este sistema era fascista, ya ven ustedes, unos elegidos llamados “editores” que seleccionaban qué era bueno y qué era malo. Penoso, vamos. Por suerte todo eso cambió, en parte porque las editoriales ya no tienen lectores (¡pero si los televisores ahora son en 3D!) y en parte porque el proceso resulta ahora mucho más fácil y sencillo. Lo recuerdo por si hay algún despistado: tú vas a la editorial y les dices que tienes un libro. Ellos te hacen un presupuesto e incluso te ofrecen un diseñador que lo maquete, por si acaso quieres mayor profesionalidad. Total, que pagas la cuenta y al mes y medio tienes 10, 20 o 50 cajas llenas de tus poemas de amor, tu novela costumbrista o tu recopilación de chistes de Nueva Lepe. Hay que ver cómo ha cambiado esto, que ahora es igual incluso para los cómics. Y yo lo veo bien, anda que no. ¿No queríamos industria del cómic? Ahora sí que la tenemos, porque es rentable. Sí, vale, los chavales se pasan media juventud encerrados en casa dibujando sus tebeos y la otra mitad encerrados tras el mostrador del McPizza (estas fusiones de multinacionales…) para costearse la edición, pero chico, el arte es sudor y esfuerzo. Y esto ha sido todo. La semana que viene les escribiré sobre un tema que me inquieta últimamente: ¿De qué estará hecho el Soylent Green? 2007-11-01 12:12 | 5 Comentarios Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gadesnoctem.blogalia.com//trackbacks/53156
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