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SEXO EN LA ADOLESCENCIA: PRIMEROS CONTACTOS

ADVERTENCIA: La mayoría de compañeros de colegio y yo mismo no tuvimos la más mínima experiencia sexual con una chica hasta nuestro último año de secundaria, y en la mayoría de los casos dichas experiencias no requerían que nos bajáramos los pantalones. En otras palabras, que a lo largo de la semanas estas entradas van a hablar de nuestra inexperiencia más que de nuestras experiencias, si bien no he cambiado el título en un intento desesperado de conseguir miles de lectores para el blog.


Durante nuestro sexto año de la EGB, cuando teníamos unos 11 años, el sexo ya nos interesaba a todos los compañeros de clase. A algunos, porque las hormonas empezaban a volvernos locos; a otros, porque aquello les parecía un tema prohibido y, en consecuencia, de lo más atractivo. Por supuesto, todo el mundo sabía ya cómo se quedaba embarazada una mujer, los meses que duraba la gestación del feto e incluso el tamaño medio del pene español (13 centímetros), si bien no nos quedaba claro si había que medir desde los testículos o justo después de los testículos.

La clase de Ciencias Naturales era el lugar ideal para hacer preguntas sobre sexo, sobre todo porque teníamos varios capítulos dedicados al cuerpo humano. No obstante, que aquel fuera el sitio idóneo para preguntar no quiere decir que fuera el mejor sitio para recibir una respuesta, y por lo general solo lográbamos insinuaciones veladas, divagaciones que no saciaban nuestra curiosidad y, eso sí, complejas explicaciones fisiológicas que en nada nos ayudaban. Por poner un ejemplo, un compañero, Carlitos, preguntó en una ocasión cómo se hacía para excitar a una mujer. El profesor pareció descomponerse, pero de repente sacó fuerzas de donde no las había y se puso a explicar que la mujer posee una serie de partes erógenas (aunque no las identificó) que lanzaban señales eléctricas al cerebro que creaba una estimulación física propicia para la celebración del coito; el coito entre los cónyuges, claro está. Imagino que el pobre profesor estaba aterrado con la idea de que usáramos la información que nos suministraba para ir provocando orgasmos a diestro y siniestro. Durante mucho tiempo, los compañeros de clase (fuimos el último curso que estaba compuesto únicamente por chicos) debatimos sobre qué zonas eran erógenas. Casi todos concluían que el pelo era uno, porque la mayoría de la gente con hermanas decían que podían pasarse horas peinándose, que ellas mismas decían que les gustaba, por no hablar de la pasión de las señoras mayores por la peluquería.

 

 

Un día, visto nuestro interés por la sexualidad, nuestro profesor nos puso un vídeo. Era el primer vídeo sobre sexualidad que nos iban a poner, así que estuvimos maravillados. Desgraciadamente, aquello trataba sobre sexualidad de una manera bastante general, puesto que en realidad era un documental hecho por un médico abortista que, cual san Pablo, había caído del caballo y se había convertido en un firme defensor de todos los embarazos. No recuerdo demasiado sobre el vídeo, salvo que en un momento trinchaban a un muñeco para que viésemos lo horrible que era el aborto. Por supuesto, nadie explicó las razones por las que se abortaba, y la sensación con la que te dejaba el vídeo era algo así como: “Abortar no es divertido.” Así que ya sabéis, si algún día estáis con una amiga embarazada y, por echar un rato, ella quiere abortar, debéis decirlo que no es tan divertido como parece.

Lo único bueno que tuvo aquel vídeo es que dejó nuestras expectativas tan bajas que, cuando al año siguiente nos pusieron otro vídeo sobre sexualidad, no nos pareció tan rematadamente malo. Obviamente, el vídeo no hablaba realmente de sexualidad, sino del embarazo. No se veía ningún pene, aunque si no recuerdo mal, en algún momento se explicaba que la protagonista había tenido “relaciones íntimas” con su marido. El vídeo comenzaba con los espermatozoides viajando por el cuello del útero y terminaba con un niño naciendo y mucha sangre por todas partes. Al menos no destrozaban ningún muñeco.

¿La masturbación? Un cura nos dijo que era normal, pero un profesor de Ciencias Naturales (otro diferente al que nos puso el primer vídeo) nos insistió en que era pecado. ¿Los anticonceptivos? Eran permisibles para mantener una familia de dos o tres hijos y así no pasar necesidades; obviamente nadie nos explicó cómo funcionaban. ¿El acto sexual? Según nuestro profesor, todas las mujeres eran multiorgásmicas, aunque por supuesto nadie se paró a explicarnos cómo se llegaba al orgasmo. En general, el mensaje que se nos daba era: las cosas prácticas las sabréis hacer cuando llegue el momento.

Como bien sabe cualquier historiador interesado en el mundo preindustrial, y también cualquier filósofo, cuando la ciencia no da respuestas se recurre al mito. Por lo tanto, nuestras dudas se saciaban con ideas erróneas o verdades a medias que compartíamos entre los compañeros. Algunos contaban cosas que habían escuchado, como que si te masturbabas antes de acostarte con una chica se te iban todos los espermatozoides buenos y, obviamente, no había riesgo de embarazo; otros directamente se inventaban las cosas, posiblemente para quedar de expertos, como el compañero que nos dijo que su novia había tenido un orgasmo de lo bien que él besaba (y hablamos de besar en los labios que posee el rostro). Sin ninguna manera de poder confirmar o desmentir las historias que se contaban, nuestro criterio dependía de la reputación: alguien simpático y popular debía de estar diciendo la verdad, sobre todo si tenía o había tenido novia.

En conclusión, nuestro primer contacto con el sexo fue una sarta de explicaciones biológicas sin la menor utilidad más allá de hacernos temer el embarazo, considerar el aborto como algo poco divertido y el matrimonio como el lugar ideal para mantener relaciones sexuales. El sexo podía dar placer, sin duda, pero su principal objetivo era traer hijos e hijas al mundo. Durante mucho tiempo, odié profundamente a los marianistas del colegio por ser tan fanático a la hora de explicarnos estos asuntos, aunque luego conocí a gente de otros colegios religiosos y, para mi sorpresa, resultó que las explicaciones que nos habían dado en clase eran poco menos que porno duro comparadas con la que les dieron a ellos.


2012-10-01 08:24 | 7 Comentarios


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Comentarios

1
De: Vaélico Fecha: 2012-10-01 11:57

jajajajajaja mi tutora (Charo) siempre fue bastante más abierta a hablar de estos temas, aunque es cierto en el colegio nadie nos enseñó nada más allá de los estrictamente biológico.

Vamos, mi experiencia es casi igual pero varios años después (nosotros ya teníamos mozas en clase) jajajajaja

Para cuando una historia de tu primera vez? Eso seguro que atrae a miles de lectores jajaja



2
De: jose Fecha: 2012-10-01 12:45

Todos los catequistas de la salle condenaban las manolas menos uno... imagina la clase de quién estaba a reventar de púberes más salidos que monos.



3
De: skullpirates Fecha: 2012-10-01 20:08

Pues mi colegio (también con cierto regustillo religioso) es incluso más retraído para con estos temas.
El vídeo que a vosotros os pusieron en 6º de EGB ("El grito silencioso") no nos lo pusieron a nosotros hasta 1º de BUP; y lo hizo nuestra profesora de religión, no te digo más.

http://es.wikipedia.org/wiki/El_grito_silencioso_(pel%C3%ADcula_de_1984)



4
De: Jose Joaquín Fecha: 2012-10-01 21:51

Tras leer el enlace de "El grito silencioso", veo que era mas propaganda aún de lo que imaginaba...



5
De: El Sangre Fecha: 2012-10-03 13:09

Todavía recuerdo al susodicho profesor de ciencias afirmando categoricamente que la masturbación cortaba en seco el crecimiento.... ¿He dicho que era el profesor de ciencias?.



6
De: Jose Joaquín Fecha: 2012-10-03 14:41

¿Y no es cierto? ¿Y entonces cómo explicas que haya gente bajita? ¡Y no me salgas con la pamplina esa de los genes!



7
De: Toni Fecha: 2012-10-04 16:57

Me veo completamente reflejado... y ahora, 20 años después, soy yo el profesor de ciencias y me doy cuenta lo que han cambiado las cosas en un suspiro, lo detallado que viene ahora todo en los libros (métodos anticonceptivos, enfermedades sexuales...)



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