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EL AMOR IMPOSIBLE

Era pleno verano y, como suele ocurrir cuando tienes 15 años, el inicio del curso y los exámenes de septiembre parecían tan lejanos que ni siquiera se nos ocurría pensar que fuesen reales. El curso que habíamos dejado atrás estaba cargado de cosas que nos desagradaban, como profesores, castigos, exámenes, madrugones y días de lluvia, así que simplemente decidimos sacarlo de nuestra memoria. El presente, con los días interminables de playa, partidas de rol, tintos de verano y barbacoas era lo único que nos interesaba; mañana podría acabarse el mundo, pero hoy comíamos pinchitos con nuestros amigos a la orilla del mar.

El verano también era, además de todo lo anterior, el momento idóneo para conocer a otra gente, tanto veraneantes de otras ciudad como gente que se había pasado el curso tras los libros de texto, pues incluso los padres más severos relajaban su vigilancia en esta época. Así fue como conocimos a Olaya, una chica de nuestra edad que empezó a venir a las barbacoas que frecuentábamos, y con la que enseguida hicimos amistad.

Debo explicar que las barbacoas a las que íbamos eran una auténtica maravilla. Las hacían unos chicos algo mayores que nosotros, a los que conocíamos como “la pandilla de las barcas”, pues siempre se juntaban al lado de unas pequeñas embarcaciones de pesca que había en la playa. Era un gustazo hablar con ellos, pues todos tenían ideas sobre política, cine, arte, literatura... y había veces en las que simplemente me sentaba y les escuchaba discutir durante una o dos horas, para a continuación volver a casa con la sensación de que aquel era el mejor verano de mi vida; aún hoy lo creo. Supongo que muchas de las ideas que aquellos chicos y chicas expresaban me parecerían risibles hoy día, pero en aquel momento me fascinaron, y es obvio que Olaya disfrutaba de aquello tanto como yo, solo que era mucho más inteligente y bastante menos tímida, por lo que siempre participaba de forma activa; recuerdo envidiar la facilidad con la que se expresaba y la pasión con la que defendía sus argumentos.

Mi amigo Richi, que ya por aquel entonces disfrutaba luciendo pintas de “malote”, se había fijado en Olaya y había dejado volar su imaginación. En su mente, un antisistema radical como él y una niña pija como ella estaban destinados a mantener una pasional relación romántico-trágica.. Ciertamente, ella no era pija, simplemente una muy buena estudiante, y él no era un antisistema radical, pues la acción más extremista que había llevado acabo en los últimos tiempos era vomitar en una fuente pública tras una barbacoa especialmente etílica; no obstante, una vez que una idea se formaba en la mente de Richi, no había quien le convenciese de lo contrario. Así, durante un mes, cada vez que Olaya estaba cerca, mi amigo soltaba una parrafada sobre matar los políticos, quemar edificios públicos, tirar piedras a la policía (para disgusto del Cubano, que quería ser inspector) y violar monjas. Las discusiones y los gritos no se hacían de esperar, y al poco ella le empezaba a gritar “terrorista” y él a ella “pija”, con todo el mundo tomando partido por un bando y otro. En ocasiones las discusiones eran tan virulentas que parecía que fuésemos a llegar a la manos, pero como éramos gente civilizada a la media hora todos éramos amigos y bebíamos juntos.

Según mi amigo, en algún momento la pasión se desataría (“los polos opuestos nos atraemos”), pero quizá os sorprende saber que Olaya, finalmente, acabó liándose con uno de los chicos mayores que participaba en las discusiones, no con Richi.

Cuando el verano superaba ya su meridiano y Richi pensaba que jamás lograría besar a Olaya (porque ella era demasiado cobarde para aceptar sus sentimientos, obviamente), ocurrió algo inesperado: su ligue la dejó plantada para volver con una exnovia. Mi amigo rápidamente trazó un nuevo plan: en la barbacoa del Carranza, en la que nos dejaban quedarnos hasta el amanecer, él la consolaría y le iría dando a beber licor 43 con piña, una bebida muy dulzona que la inhibiría de todos sus miedos, ayudándola a reconocer sus sentimientos. Ella, que además estaría sorprendida ante la madurez, empatía y sabios consejos de Richi, finalmente aceptaría que aquel rebelde indomable era el hombre de sus sueños. Dicho de manera menos romántica: que la iba a emborrachar a ver si con el morazo le podía meter la lengua.

Llegó la barbacoa del Carranza y Richi se llevó a Olaya a dar un paseo. Entre sorbo y sorbo de licor 43 con piña, ambos se fueron contando todas sus penas. Lo que Richi no esperaba es que a él, que no estaba acostumbrado a las bebidas dulces, el licor 43 le hiciese tanto efecto como a ella, por lo que llegados a un punto se acabó la madurez, y ambos acabaron llorando recordando a las antiguas parejas que les habían hecho daño, clamando contra los romances truncados y cantando Mecano (que debe de ser un grupo muy antisistema, porque Richi se sabía todas las canciones), cosa que dejaron de hacer para bañarse, beber aún más y, finalmente, quedarse dormidos al lado de una barca. Al principio estaban muy monos, y lo habrían seguido estando si ella no se hubiese despertado en un momento y vomitado sobre sus propia blusa; lo más sorprendente es que luego se quedó dormida otra vez, abrazada a Richi.

En algún momento, con las primeras luces del día, Richi y Olaya se despertaron. Él la acompañó gentilmente a su casa, y ella le confesó que se lo había pasado muy bien (a pesar de la horrible resaca que comenzaba a atormentarla). ¿Sería posible que quedasen al día siguiente para hacer algo juntos, ellos dos y nadie más? Richi, por supuesto, le dijo que contase con ello.

Desgraciadamente, cuando Richi llamó a Olaya al día siguiente, quien respondió al teléfono fue el padre, que le informó que la muchacha estaba castigada hasta final de los tiempos. Es lo que pasa cuando llegas al amanecer a tu casa, apestando a alcohol y con la camisa llena de vómito; tener solo 15 años y que tu padre descubra que no eres una princesita de cuento de hadas tampoco ayuda a mejorar la situación, ciertamente.

Aunque fue un golpe duro para mi amigo, salió a flote. De hecho, su imaginación volvió a reconfigurar los hechos, y se llevó años hablando de su historia de amor imposible con aquella niña pija, cuyo padre se interpuso entre ellos. Quien no se consuela...


2012-08-08 08:54 | 0 Comentarios


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