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EL CONDE

 

Durante mis primeros días en la universidad conocí a los que, durante tres años, serían incansables compañeros de fatigas. Uno de ellos sería El Conde, un chico algo mayor que yo, siempre enchaquetado, repeinado y con dos gotas de colonia estratégicamente colocadas para disimular que se había levantado tarde y no había pasado por la ducha. Solía pasarse el día en la (por entonces) infame cafetería de la facultad de Filosofía y Letras, siempre sentado en la misma mesa, siempre con un café americano en taza, nunca en vaso, o una cerveza de barril, nunca de botellín, si ya era la hora de la tapa.

El día en que lo conocí, en lugar de darme la mano como es la costumbre, me largó una tarjeta de presentación:

D. Francisco Montilla y Tal,

Primogénito del Conde de No Se Cuantos

& Estudiante de la Licenciatura de Historia.

Al final del día, cuando ya habíamos dado buena cuenta de un puñado de cervezas, me dijo: “Veo que a ti te gusta la Historia, que has leído y que tienes interés por saber más.” Y sí, era cierto, estudiar Historia me había costado algún disgusto que otro con mi padre, que quería que estudiase Económicas, pero al final había conseguido convencerlo. Al contarle esa historia al Conde, éste me miró con admiración y me dijo: “¡Me pasó lo mismo, sólo que mi padre quería que yo fuese abogado!”, y de repente se quedó pensativo, y al momento me dijo: “Tú puedes tutearme y llamarme Paco de ahora en adelante.” Me quedé un poco impresionado, la verdad, no por poder llamarle Paco, sino porque se había pensado que yo le iba a llamar Don Francisco.

Con aquella conducta, Don Francisco, Paco, pronto se convirtió en El Conde, la cafetería en El Palacio de Jartodepan (pues pronto descubrimos que, si acaso era cierto que poseía un título condal, sus tarjetas de presentación eran el único patrimonio que poseía) y aquella mesa al final de la cafetería pasó a ser El despacho de su excelencia.

En alguna caja en la casa de mis padres aún tengo que tener los trastos de aquel primer año de carrera y, entre ellos, aquella pomposa tarjeta.

2012-02-14 10:54 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: Javi F Fecha: 2012-02-14 15:28

¡Que exagerado! nunca tuvo tarjetas ni se decía heredero de ningún condado. Muchos menos bebía café en taza; y la cerveza no era de botellín porque no había... que si hubiera habido en el bar se las habría llevado de casa junto al bocadillo.



2
De: Ky Fecha: 2012-02-14 15:56

Tú eras su lazarillo de Tormes, ¿verdad? :)



3
De: Jose Joaquín Fecha: 2012-02-14 23:57

Javi, los personajes de mi blog suelen ser mezcla de varias personas (veo que tú has reconocido a uno de ellos). Así me ahorro denuncias y disgustos ante el juez.



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