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LA GUERRA DE COREA

El año 1950 fue especialmente complicado para los Estados Unidos y su influencia mundial. En primer lugar, la URSS había hecho detonar su propia bomba atómica en 1948, acabando con el monopolio atómico estadounidense. Además, en 1949 las fuerzas comunistas de Mao habían logrado dominar toda la China continental (sólo escapaba a su control la isla de Formosa, que se convertiría en el estado de Taiwan). No es difícil imaginar el terror de los Estados Unidos, que veían cómo la Unión Soviética y sus aliados controlaban un territorio enorme que comenzaba en Alemania y llegaba ininterrumpidamente hasta las fronteras de Indochina.

Sin embargo, Stalin no tenía especiales deseos de alargar sus fronteras: lo sucedido en China había sido mérito de los comunistas locales, no parte de un elaborado plan trazado en el Kremlin, ya había conseguido crear una red de satélites en Europa oriental y sus intereses tenían más que ver con Oriente Próximo que con un remoto país asiático. Aún peor, un conflicto en Corea habría sido sinónimo de una guerra con los Estados Unidos, algo que la maltrecha economía rusa no podía plantearse en aquellos momentos.

Sin embargo, el antiguo guerrillero Kim Il-Sung, líder de Corea del Norte, creía que sus tropas podían unificar el país sin problemas. Hay que tener en cuenta que Kim contaba con fuerzas que habían luchado contra la ocupación japonesa, lo que les daba ventaja sobre el ejército pobremente entrenado de Corea del Sur; además, los desmanes sucedidos por el gobierno teóricamente democrático del Sur hacían que una importante parte de la población estuviese, si no a favor del comunismo, sí en contra del gobierno de Syngman Rhee (la represión del Sur democrático era, por ejemplo, mucho más violenta y dura que la del Norte dictatorial). La URSS y China parece que apoyaban políticamente la idea de una reunificación dirigida por Kim, pero al parecer ni Stalin ni Mao esperaban el siguiente paso del dictador coreano: una invasión militar.

El 25 de junio de 1950, las tropas de Kim cruzaron el paralelo 38 que dividía políticamente el Norte del Sur. La respuesta del gobierno presuntamente democrático de Syngman Rhee fue evacuar la capital, Seúl, y ordenar la ejecución de toda persona presuntamente comunista o simpatizante de izquierdas, la llamada Masacre de la Liga de Bodo, muriendo entre 100.000 y 2000.000 personas (para que nos hagamos una idea, en la matanza de Paracuellos se acabó con la vida de entre 2.000 y 5.000 personas). Sin embargo, las tropas del Sur descubrieron que combatir contra un enemigo entrenado era más complicado que masacrar a su propia población desarmada, y en apenas seis semanas Corea del Sur estaba a punto de ser anexionada por las fuerzas norcoreanas.

En contra de lo que se ha dicho en muchas ocasiones, esta primera fase de la guerra tuvo escasa intervención de la URSS y China, que principalmente habían equipado en los años previos a las fuerzas norcoreanas. Estados Unidos también había entrenado y armado a las fuerzas surcoreanas, de tal modo que en lo referente a equipamiento se puede decir que ambos contendientes estaban a la par.

El presidente Truman y el gobierno estadounidense, que hasta aquel entonces habían tenido escaso interés en Corea del Sur, actuaron con velocidad. En primer lugar, porque temían que si no frenaban el avance en Corea, perderían credibilidad ante sus aliados; en segundo lugar, porque el objetivo principal de Estados Unidos era controlar Japón, y una Corea comunista sería tener al enemigo demasiado cerca del principal punto estratégico de la zona. Para intervenir se hizo una gigantesca campaña publicitaria en la que Kim fue presentado como un delincuente común que había ascendido hasta ser un dictador despótico, la invasión del Sur se mostró como similar a la invasión de Polonia por parte de Hitler, y la URSS fue presentada como un imperio maligno que se extendía a través de la tiranía y opresión, y amenazaba con destruir el idílico sistema de justicia y libertad creado por el amado Syngman Rhee.

Al mando del general McArthur, un ejército internacional desembarcó en Pusán y combatió mes y medio con tremendas bajas. Las fuerzas de Corea del Norte, inferiores en número, perdieron casi tres quintas partes de sus soldados; las fuerzas internacionales tuvieron bajas algo menores, un tercio. Tras aquella victoria, McArthur comenzó la reconquista del territorio perdido hasta llegar al paralelo 38 en menos de dos semanas.

En septiembre la guerra había llegado a un momento crítico: los bordes de Corea del Sur estaban asegurados, el ejército norcoreano en retirada y con fuertes bajas, por no hablar del prestigio obtenido por McArthur y las armas estadounidenses. Se podría pensar que era el momento de entablar negociaciones de paz, pero los estadounidenses vieron la posibilidad de avanzar, acabar con el régimen comunista por la fuerza de las bayonetas y reunificar de una vez por todas Corea. Esto llevó a una serie de problemas internacionales e internos para los Estados Unidos. En primer lugar, a pesar de que se había intentado asociar a Corea del Norte con una amenaza similar a la de la Alemania Nazi, era difícil convencer a la población de que la península coreana, un lugar que la mayoría de los estadounidenses no sabían identificar en un mapa (a diferencia de lugares como Japón, Filipinas, China, Francia, Italia o Bélgica, conocidas a causa de la Segunda Guerra Mundial), era un punto estratégico que requería la intervención estadounidense. En segundo lugar, era fácil odiar a Hitler porque el discurso era “los alemanes han invadido a los polacos” o “los alemanes persiguen a los judíos”, pero era mucho más complicado explicar que “los coreanos han invadido Corea”. En tercer lugar, Estados Unidos dejaba de presentarse como una potencia defensiva que ayudaba a los débiles y aparecía como una potencia agresiva, que destruía a sus rivales (sería como si al final de la Segunda Guerra Mundial Alemania hubiese sido dividida entre ingleses, franceses, belgas, holandeses, daneses, checoslovacos, austriacos y polacos). Finalmente, y esto es algo que realmente sorprende, el gobierno estadounidense parece ser que no tuvo realmente en cuenta que, si ellos habían intervenido para salvar a su satélite de la amenaza de Corea del Norte, chinos y rusos también intervendrían para salvar a Corea del Norte de las fuerzas aliadas de Corea del Sur, Estados Unidos y las fuerzas internacionales (todas ellas aliadas estadounidenses).

A finales de octubre de 1950, tras varias advertencias por parte de China, las fuerzas chinas cruzaron el río Yalu y golpearon a las fuerzas de Corea del Sur, que estaban a punto de tomar el control de los últimos territorios norcoreanos. En noviembre, las fuerzas chinas volvieron a atacar e hicieron retroceder a la coalición encabezada por los Estados Unidos hasta el paralelo 38. Y ahí es donde la cosa realmente amenazó con salirse de madre.

Hasta aquel momento, la guerra había ido un conflicto localizado y convencional. Sin embargo, Truman ya había anunciado que las bombas atómicas eran parte del arsenal estadounidense y que, como tales, McArthur podía emplearlas a discreción. La idea era que las atómicas eran un arma más, como la aviación o la artillería, por lo que se transportaron bombas atómicas a Japón y se prepararon para su uso. El problema es que, a diferencia de Japón, Corea del Norte no tenía grandes ciudades industriales que pudiesen ser aniquiladas. Además, McArthur pronto creyó que la mejor solución era expandir la guerra a más frentes, y bombardear con atómicas bases chinas. Pero eso despertaba un nuevo fantasma: ¿Y si la URSS respondía ampliando la guerra y atacando en Europa? Un ataque convencional soviético podía absorber toda Europa Occidental hasta el Canal de la Mancha y los Pirineos en cuestión de semanas, y si los soviéticos empleaban sus propios bombas atómicas el caos y la derrota podía ser aún mayores. Finalmente, Truman consideró que no había que escuchar a McArthur, y la guerra no se expandió.

Entre 1951 y 1953, Corea estuvo sumergida en una guerra de posiciones que llevó a un armisticio cuando, finalmente, todas las partes comprendieron que no se podía obtener una victoria rápida y era inútil mantener la lucha. A pesar de ello, y hasta el día de hoy, no existe un tratado de paz entre ambas coreas.

¿Cuáles fueron los resultados de la guerra? En primer lugar, el foco de la Guerra Fría pasó definitivamente de Europa a Asia, de donde no se movería (Vietnam y Afganistán aún estaban por llegar). En segundo lugar, se hizo patente que había que asegurar las defensas europeas en caso de que lo peor sucediera, y acabada la guerra se buscó el apoyo de España debido a su posición estratégica. Estados Unidos descubrió que su superioridad técnica no era suficiente para ganar una guerra convencional, aunque, como se descubriría en Vietnam, la lección no cuajó. Pero el resultado más inmediato fue que Corea permaneció dividida en dos países bien distintos.


Sobre qué libros leer para comprender la guerra, creo que hay uno general bastante interesante que describe bien la Guerra Fría (si bien dedica poco espacio a Corea en sí mismo) llamado Historia del siglo XX de Eric Hobsbawm. Sin embargo, los libros más interesantes son los de Bruce Cumings, que prescinde de la propaganda política y muestra las dos Coreas y la guerra desde un prisma nuevo, donde cuentan los hechos y no las afinidades políticas; su libro básico para conocer el tema sería The Korean War, aunque si interesa conocer todo lo que sucedió tras la guerra también puede consultarse Korea's Place in the Sun: A Modern History.



2011-12-24 11:15 | 0 Comentarios


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