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CINCO DUROS DE CHUCHERÍAS

¿Recordáis cuando erais pequeños, tal vez con cuatro o cinco años, y pedíais dinero a vuestros abuelos para comprar chucherías? Tres duros, tal vez cinco duros, os parecían toda una fortuna con la que podíais comprar un regaliz, un palote y un buen puñado de sugus. De hecho, los sugus eran la única cosa que durante los años 80 valían menos de un duro, ¡y encima estaban buenísimos!

Cuando le pedía dinero para caramelos a mi abuelo, este sacaba de su monedero los duros de uno en uno, y los iba poniendo en mi mano con tal solemnidad que podría pensarse que me estaba dando una herencia. Siempre me daba cinco duros, pero aquellas monedas sueltas parecían valer mucho más, y cuando volvía con mi pequeño tesoro de golosinas, mi abuelo me pregunta: “¿Qué has comprado?”, y mientras que yo le iba enseñando lo que traía, él ponía una cara de asombro absoluto: “¡¿Todo eso te han dado?! ¡¿Sólo con cinco duros?!”. Yo movía la cabeza afirmativamente mientras que mordía el regaliz, como si no me hubiese supuesto el menor problema (de hecho no me había supuesto el menor problema, claro), pero él seguía maravillándose y me mentía diciendo: “¡A mí nunca me dan tantas cosas por cinco duros!”. Te sentías como un economista aunque sólo tuvieras cinco años (aunque actualmente parece que esto es muy común, y los expertos en economía tienen cinco años o incluso menos).

Sin embargo, mi abuela... bueno, mi abuela era mi abuela.

Cuando le pedía cinco duros para chuchería, levantaba una ceja como quien le ha pedido llevarse la nevera o el televisor, y se agarraba el bolso como si temiera que fuera a quitárselo y salir corriendo. “¿Cinco duros? ¿Para qué quiere un niño de tu edad cinco duros?”. ¡Para drogas, no te fastidia! “Para chuches”. Mi abuela me miraba con la ceja aún levantada, y finalmente me decía algo así como: “Podrías ser diabético si comes muchos caramelos”, o “Demasiado azúcar te picará los dientes.”

De vez en cuando, tal vez porque esa semana no hubiese riesgo de diabetes, tenía suerte y me daba algo. “¿Cuánto quieres?”, me preguntaba. Y al escuchar mi respuesta, se asustaba y me respondía: “¡Ni hablar! ¡Menudo empacho te ibas a coger! Tres duros como mucho.” Y allá iba yo, con mis tres duros: un palote, y cuatro sugus. No se había visto botín más escaso desde que a los piratas les embargaron el barco.

“¿Qué te has comprado?”, preguntaba mi abuela cuando me veía llegar, tal vez temiendo que el señor de la barraca me hubiese vendido drogas o un arma de fuego con aquel enorme caudal. Y yo le enseñaba mi tesorillo, sólo para descubrir que me miraba con disgusto: “¡Te han engañado! ¿Sólo cinco caramelos con tres duros?” Curioso, con mi abuelo me sentía un economista pero, con mi abuela, me sentía como la víctima del timo de la estampita (vamos, como si tuviera una hipoteca actualmente).

Entonces, mi abuela hacía un largo monólogo sobre lo que podías comprarte no con tres, sino con un duro. “¡Podías comprarte una sardina!”, exclamaba llena de maravilla ante el sólo hecho de recordarlo, aunque yo ciertamente prefería dos sugus a una sardina, máxime si me la daban cruda. “¡Te comprabas un tebeo y te daban la vuelta!”, eso ya me interesaba más, porque los tebeos me interesaban desde que era pequeño, aunque si os soy sinceros aún no tenía ni idea de cuanto valían (lo descubriría dos años después: ciento cuarenta pesetas, es decir, veintiocho duros). “Te daban tantos caramelos que se te quitaban las ganas de comer!”, insistía mi abuela.

Por supuesto, mi abuela no se daba cuenta de que había una cosa llamada inflación, y que un duro de aquel entonces no era un duro de aquel otro entonces. Yo tampoco tenía ni idea de qué era la inflación, por lo que creía que cerca de la casa de mi abuela había una tienda de caramelos donde todo era baratísimo. Durante dos años, siempre que iba a casa de mi abuela pedía ir a la tienda de caramelos, y cuando me llevaban y los precios eran los mismo que en todos lados, yo replicaba: “No, a esa tienda no, la próxima vez vamos a la otra”. Y cuando me llevaban a otra, y los precios volvían a ser los mismos, pedía que me llevaran a otra.

Para mí, El Dorado era una tienda de caramelos escondida en alguna callejuela, donde con un duro podías llevarte un tebeo o un buen puñado de caramelos si tenías suerte, o una sardina cruda si no la tenías.



2011-11-30 07:23 | 12 Comentarios


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Comentarios

1
De: Mirbos Fecha: 2011-11-30 11:33

Podriamos viajar al pasado a esa tienda de chucherias. Lo malo, es quien nos va a cambiar los euros por pesetas de entonces...

Yo desde pequeño si tenía una idea simple de la inflación. Algo asi como "todo costaba menos pero una peseta valía mas"

Lo aprendí con una canción que cantaba mi abuelo, y aunque murió pronto, todo el mundo sigue recordándome que me la cantaba. "Con una peseta se va en el vapor, se come y se bebe y se ve la función"

Esa era la letra, y claro, enseguida me tenían que explicar eso mismo: que antes todo eso valía sólo una peseta, pero que una peseta era más dificil de conseguir.



2
De: Nico Fecha: 2011-11-30 12:24

Sois unos críos. En los setenta con un duro te comprabas un paquete de pipas Churruca, convenientemente saladas. Por dos pesetas "las de toda la vida". Había chucherías que valían menos de una peseta, como caramelos a cincuenta céntimos. Una Coca-Cola (o Fanta, o ¡Mirinda!) costaba unas doce pesetas en un restaurante.

A principios de los ochenta, ya en el instituto, recuerdo que nos comprábamos los bocatas (por cinco duros) en un bar cercano y, por otros cinco duros entre todos, una Casera de litro de naranja o limón, y nos ponían cuatro vasos para consumirla.

Cinco duros costaba también el cine.

Para que la perspectiva sirva de algo: el cambio al euro ha sido el mayor palo que he visto en los precios en toda mi vida, incluyendo los años de inflación desbocada de la crisis del petróleo (73).



3
De: Mirbos Fecha: 2011-11-30 14:35

Precisamente el post habla sobre que los mayores y los niños no sen dan cuenta de la inflación. No nos digas ahora que somos unos crios y nos digas los precios de época.

Supongo que el euro fue un clavazo, sobre todo porque se tomó 1¤ como 100 pta, y ya a partir de ahí lo demás. Aunque esta muy bien para viajar dentro de la UE sin cambiar de moneda (cada vez que voy a UK es un rollazo)



4
De: Jose Joaquín Fecha: 2011-11-30 15:44

Nico, estoy contigo: el euro ha sido el timo de la estampita a gran escala. Recuerdo un libro del colegio que decía que en España aumentarían los sueldos porque, cuando hubiese una moneda única, todo iba a costar lo mismo. Es bonito saber que timaron hasta a los eruditos que escribían los libros... se siente uno menos solo jajajaja.



5
De: Mirbos Fecha: 2011-11-30 15:54

A lo mejor al de libro le pagaron por decir eso. ¿Sería en pta o en euros?



6
De: skullpirates Fecha: 2011-11-30 16:45

Ay! La inflación, la inflación (léase con voz de Joaquín Reyes)

¿Qué es la inflación? la inflación es que se te inflen los $%&! al pensar en lo que antes podías comprar con 500ptas: Entrada de cine + bolsa de palomitas + 2 billetes de autobús. Tarde completa, tarde comansi.



7
De: Jose Joaquín Fecha: 2011-11-30 19:26

Yo he notado la inflación (y la subida de precio del euro, que fue inflación encubierta) muchísimo en el cine. Antes no tenía ni un duro, pero iba todas las semanas, de manera espartana (ni palomitas ni refresco) ciertamente, pero me veía mi película y no me dolía el bolsillo. Ahora, con más dinero, me da una pereza enorme ir a ver una película salvo que sepa de antemano que es buena, y así y todo el bolsillo me duele. Por supuesto, ni palomitas ni refresco.



8
De: Mirbos Fecha: 2011-11-30 23:03

Ciertamente el cine era todos los viernes a las siete, una cita obligada, echaran lo que echaran. De eso, para mi, hace ocho años o asi (joder como pasa el tiempo) Ahora me cuesta convencer a mis amigos a ir a ver una peli que parezca medio decente (no solo por la escasez de tales peliculas, sino ademas la falta de presupuesto y de interes)



9
De: Argenis! Fecha: 2011-12-01 12:09

Gran post tío! Me acabo de acordar de ir después de clase a comprar en el quiosco de la plaza de toros caramelos drácula, de esos de los que te dejaban la lengua roja... el tío sieso te daba dos por un duro :) ¡que tiempos!



10
De: Nico Fecha: 2011-12-01 12:53

Mirbos, sólo para que conste en acta: lo de "sois unos críos" lo único que quiere decir es que probablemente tengo unos cinco o diez años más que José Joaquín. Es otra versión del conocido lamento: "cuando leo estás cosas me doy cuenta de que soy viejo".



11
De: Nico Fecha: 2011-12-01 13:02

José Joaquín, el que hizo el razonamiento de los sueldos no debía conocer el modelo de productividad del sistema esclavista: cero tecnología y ochenta curritos cobrando una miseria para igualar el coste del "otro" sistema y competir.

Lo malo es que ese sistema sólo vale hacia fuera. Esperar que los curritos vayan a tirar de la demanda interna con su ínfimo sueldo es otra historia.

Por no hablar de que la competencia cada vez necesita menos mano de obra (y más cualificada) para producir.



12
De: CorsarioHierro Fecha: 2011-12-03 09:15

Genial pero por la nostalgia del niño que busca El Dorado en la tienda de caramelos. Se podría sacar una película deliciosa de cineclub.
En cuanto a los precios pues yo pagaba 100 pesetas por el cine no cinco duros. La primera vez fue con Los Rescatadores de Disney.



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