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COMICS CLÁSICOS: LOS CUATRO FANTÁSTICOS

En 1961 uno de los dueños de DC Comics estaba jugando al golf con Martin Goodman, el dueño de Marvel Comics (aunque en aquel entonces aún no se llamaba Marvel Comics, de hecho sus cómics no tenían ningún sello identificativo). Posiblemente fuera un encuentro de negocios, puesto que la distribuidora de DC era la que distribuía los cómics de Marvel, y en cualquier caso estaban hablando de cifras de ventas, géneros y artistas. Tras aquel partido de golf, Goodman volvió a su casa con una idea en la cabeza: los superhéroes habían vuelto a ponerse de moda, y la Liga de la Justicia se estaba vendiendo como rosquillas, así que él tenía que sacar un grupo de superhéroes. No era una idea muy original, pero es que la línea de cómics de Goodman nunca había sido demasiado original: se apuntaba a cualquier moda que apareciese y la abandonaba tan pronto como el título comenzara a hacer aguas.

Stan Lee fue elegido para desarrollar la nueva serie. Puesto que Stan Lee era prácticamente el guionista de todos los títulos de la editorial, la elección no parece tener mayor relevancia. Y sin embargo, hizo un trabajo soberbio junto a Jack Kirby. Luego habría mucha polémica sobre quién hizo qué, pero es indudable que cada cual participó a su manera y de forma decisiva: la historia es sin duda un refrito de El mundo perdido, una película de ciencia ficción y monstruos de bajo presupuesto, con personajes al estilo Challengers of the Unknonw, lo que sin duda fue una aportación de Kirby, pero Lee les dio una fuerte caracterización a cada personaje, evitando que fueran héroes sosos. El resultado fue increíble: superhéroes que ni siquiera poseían uniforme, cuyos poderes rozaban en ocasiones lo terrorífico (la Cosa era, a fin de cuentas, un monstruo), con un villano que, aunque malvado y sorprendente, también despertaba la compasión del lector: su extraña apariencia le había relegado de la sociedad, un concepto que luego se reciclaría en X-Men, y que en el fondo describía lo que era un adolescente: alguien que no encajaba en el mundo adulto. Todo esto se mezcló para hacer un tebeo memorable.

 

 

A diferencia de otros títulos de la competencia, Los Cuatro Fantásticos sí que tenían una historia de origen, y de hecho establecieron una continuidad que hacía necesario leer las historietas en orden cronológico: un villano que reaparecía podía hacer referencia a su último encuentro y aprender de sus errores, un personaje como la Antorcha podía abandonar el grupo en la última viñeta de un cómic y se prácticamente el protagonista en solitario del siguiente número, mientras sus compañeros lo buscaban sin éxito. Se notaba que Lee permitía a Kirby desarrollar la historieta a su antojo, y por lo tanto hay una mayor frescura, no existiendo una fórmula maniquea como en los cómics de la competencia. Cualquier cosa podía pasar, como la reaparición de Namor (un superhéroe algo ambiguo de los años 40), que se volvía un villano de noble corazón, y que iba a mantener una fuerte tensión sexual como Sue Richards, que en teoría estaba destinada a ser la futura esposa del líder del grupo, Mr. Fantástico. Se notaba que Lee sentía un fuerte aprecio por el género y los personajes, a diferencia de Gardner Fox, que ya fuese por dirección editorial o por desinterés personal escribía excelentes historias para la Liga de la Justicia, pero repetitivas y sin evolución.

 

 

La fuerza de Stan Lee, a mi parecer, era que entendía a los adolescentes. Se nota en su forma de responder los correos, pero sobre todo en los elementos de soap opera que se desarrollan en la serie. La Cosa podía ser un monstruo, por ejemplo, pero también era un buen ejemplo de cómo eran muchos adolescentes: se sentían extraños en un cuerpo que estaba cambiando y, al mismo tiempo, no creían encajar en una sociedad adulta que (¡recordemos que eran los primeros años 60!) comenzaba a mostrar fuertes grietas. Y sin embargo, como ocurre en la adolescencia, La Cosa conocía a esa chica preciosa, Alicia Masters, que era ciega y escultura (qué hermosa pareja, la escultura que se enamora del hombre de piedra), y supo ver en aquel grotesco monstruo no lo que los adultos veían, sino lo que realmente escondía dentro: pasión y sensibilidad.

 

 

 

Como decía ayer, las obras hay que leerlas en su contexto. Hoy, fruto de la evolución del medio y de los gustos, uno de estos tebeos de Los Cuatro Fantásticos puede parecer sencillo y tontorrón. Pero frente a lo que se hacía en otras editoriales en aquellos años, aquel cómic era realmente maravilloso, lleno de sorpresas y elementos que uno no esperaba encontrarse dentro de un cómic. Y quizás ese sea el problema entre los lectores de hoy día, que ya no encuentran en las obras de superhéroes esa frescura (porque vuelven a caer en fórmulas, si bien más complejas, como la muerte y resurrección del héroe que tanto se estila) y sí lo ven en otros medios, como las teleseries o los videojuegos.

 

2011-07-27 11:02 | 0 Comentarios


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