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ARQUETIPOS DE PERSONAJE

Una de las cosas que más me gustan de los juegos de rol es, a parte de la dosis de acción y aventura, la posibilidad de interpretar personajes de lo más dispares. Por lo general, uno crea un personaje con un puñado de ideas, pero poco a poco se va desarrollando más allá de lo que uno tenía planeado, según la interacción con los demás jugadores, las decisiones que se van tomando, etc. Posiblemente, esa sea la gran ventaja de un juego de rol respecto a una novela, serie o videojuego: la evolución de los protagonistas no va dictada por el parecer de una persona, sino que es un trabajo colectivo y, por lo tanto, más caótico y difícil de predecir.

Dicho todo esto, hay que tener en cuenta que la evolución de los personajes no siempre ocurre. Hay jugadores que proyectan en sus personajes todo lo que no son en la vida real, posiblemente todo lo que querrían ser, y claro, el resultado es muy distinto. Una de las cosas más habituales de este tipo de jugadores es que siempre acaban incurriendo en el mismo tipo de personajes, hasta el punto de que prácticamente todos son una fotocopia.

Por ejemplo, cuando jugábamos antes de llegar a la universidad, teníamos un amigo que era “el espadachín atormentado”. Sus características eran bastante sencillas: llevaba un arma blanca, había perdido a su amor a causa de su soberbia y ahora luchaba por redimirse. Bonita historia, sin lugar a dudas, pero llegó un momento en el que alcanzó dimensiones absurdas: el gladiador romano que perdió al amor de su vida, el samurai japonés que perdió al amor de su vida, el espadachín español que perdió, ¿adivinan?, al amor de su vida. Y ese era el jugador que lo hacía medio bien, porque al menos el personaje tenía algo de chicha, porque luego había otros como “el jinete oscuro”, un tipo que siempre iba montado en algo (caballo, moto, caza espacial... lo que fuera) y era mi misterioso y sombrío, siempre te hablaba como en acertijos y parecía tener una misión secreta que nadie (ni siquiera él mismo) conocía.

Como tantas otras cosas, este tipo de personajes en pequeñas dosis es divertido, pero si en cada partida que jugamos nos topamos con ellos acabamos matándonos de la risa, con el consecuente cabreo de los “espadachines atormentados” y “jinetes oscuros” de turno. Y lo peor es que, por estar siempre jugando con este tipo de personajes, los jugadores pierden la oportunidad de jugar con personajes totalmente diferentes a ellos, que te ofrecen nuevas perspectivas, retos y mucha más diversión.


PD: Cuando empecé a jugar, yo también me cogía siempre al mismo tipo de personaje, “el ricachón cabrón”, aunque por suerte, con el tiempo, aprendí a probar cualquier tipo de personaje. Menos mal, sería un auténtico coñazo estar jugando siempre a ser Mario Conde.

2011-07-24 12:00 | 0 Comentarios


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