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ORÍGENES DEL MUNDO ISLÁMICO MEDITERRÁNEO 4: ISRAEL, UN JUGADOR INESPERADO

A finales de los años 40, el mundo mediterráneo musulmán estaba sufriendo una serie de importantes transformaciones. Las potencias coloniales europeas, encabezadas por Reino Unido, habían comenzado a replegarse, dejando en su lugar una serie de jóvenes países cuyas relaciones estratégicas, económicas y culturales con las antiguas metrópolis parecían aseguradas. Sin embargo, la independencia de un pequeño país en 1948 iba a cambiar esta situación: Israel iba a ser el detonante de una importante serie de cambios que iba a transformar completamente la región e iba a influir, más adelante, no sólo en las relaciones diplomáticas internacionales, sino también en la economía y la geoestrategia mundial.

¿Cómo nació el estado de Israel? Algunos historiadores hacen referencia a los reinos históricos que existieron en la zona en el primer milenio antes de nuestra era. Durante esos mil años, la población que profesaba la religión judía fue dominada, al menos durante la mitad de ese tiempo, por potencias extranjeras que respetaron en mayor o menos medida dicha religión siempre y cuando no fuese acompañada de sentimientos independentistas. Por lo tanto, referirse a aquella época como el germen del Israel actual sería como si Líbano o Túnez reclamasen parte del sur de España porque hace tres mil años fue parte de la potencia comercial fenicio y hace dos mil doscientos años parte del imperio cartaginés; mucho ha llovido desde aquel tiempo, muchos imperios, religiones y pueblos han surcado el mundo mediterráneo como para poder hacer reclamaciones de ese estilo.

Pero entonces, ¿cuál es el origen del estado de Israel? Bueno, lo primero que debemos comprender es que, hace casi dos milenios y medio, con las primeras invasiones, parte del pueblo judío comenzó una goteante diáspora que se hizo mucho más importante en los siglos I y II de nuestra era, cuando las revueltas contra el dominio romano fracasaron y fueron duramente reprimidas (de hecho, parte de la diáspora sería provocada a causa de la venta como esclavos de los rebeldes capturados). Sin embargo, esta diáspora no diluyó la identidad de los emigrados, o al menos no de la mayoría: muchos conservaron sus creencias y sus lazos a pesar de haberse alejado de su patria, y transmitieron esa identidad a sus hijos. También es cierto que la propia mentalidad cristiana, que en muchos momentos vio a los judíos como un elemento exógeno (y en los momentos más fanáticos llegó a conducir pogromos contra “los asesinos de Cristo”), impidió en muchas ocasiones dicha integración, que no pocas veces no llegaría a producirse hasta el siglo XIX (por ejemplo, cuando en Prusia pudiesen servir en el ejército al ser considerados ciudadanos, independientemente de su religión); nótese, por favor, que estoy resumiendo mucho para llegar al punto que nos interesa, y que obviamente la relación entre los judíos y los cristianos fue tremendamente más compleja y variada de lo que aquí describo. Lo que nos importa es saber que, a principios del siglo XX, a lo largo y ancho del mundo había una amplia diáspora judía; aunque no era una comunidad unida (por ejemplo, podía haber desdén hacia los judíos de Europa oriental por parte de los judíos de la Europa occidental, etc.), sí que existía un movimiento que pedía un lugar donde la población judía del mundo pudiese asentarse, el sionismo.

El sinonismo surgió principalmente a partir del siglo XIX, cuando los estado-nación empezaron a asimilar a la población judía, y la comunidad judía temió perder su identidad. Si esto sumamos que todavía existían movimientos antijudíos (que generalmente no eran dirigidos por el gobierno de los países), es lógico que las minorías judías soñaran con una tierra que pudieran llamar propia, donde su identidad no se diluiría ni serían perseguidos. Otras muchas minorías étnicas y religiosas compartían, de hecho, dicho sueño, pero el caso judío era diferente: la diáspora estaba localizada en numerosos países, por lo que no se pedía un lugar concreto y específico al que poder ir. Sin embargo, a partir de 1916, Reino Unido parecía estar interesada en ofrecer un lugar a la población judía dentro de Palestina, que ya había comenzado a emigrar allí a partir de comienzos de siglo, en los territorios arrebatados al Imperio Otomano. ¿Bondad? Tal vez, pero lo cierto es que los británicos ya planeaban quedarse con la zona como botín de guerra, por lo que posiblemente les interesara tener una población afecta que sirviese de contrapeso al sentimiento independentista o pro otomano que pudiera haber en la región.

A partir de 1917, dentro de lo que después sería el mandato británico, se empezó a establecer a población judía. Esto no quiere decir que Reino Unido fuese a conceder la independencia a la región, ni mucho menos, simplemente que la zona se iba a convertir en una zona de acogida para todos aquellos judíos que quisieran (y pudieran permitirse) instalarse. Sin embargo, como ya comentaba, hubo otras posibilidades: los nazis se plantearon deportar a la población judía a Mozambique, y también hubo algunos intentos por parte de la comunidad judía de crear un nuevo hogar judío en Oceanía, una región aún poco poblada y que podría aceptar sin problemas la emigración de una amplia población. Sin embargo, por diversas razones, al final sólo Palestina siguió acogiendo de forma organizada a los judíos que emigraban: se ofrecían tierras a los emigrantes, se controlaban colegios y hospitales, tenían un órgano democrático autoadministrativo e incluso existía una milicia judía, lo que parecía una utopía si se comparaba con la situación de la población judía en la Alemania Nazi.

Sin embargo, para la población árabe de Palestina esto no era, en absoluto, una utopía. No era solamente que los judíos, una minoría en la zona, tuviesen un trato más favorable que el resto de la población, ni que poseyeran más recursos educativos y un mayor autogobierno, sino que la amplia migración judía amenazaba con convertir a los pobladores de la zona hasta hacía dos décadas en una minoría, lo que condujo a diversos conatos violentos por parte de la población árabe en los años 20, que fueron respondidos por la creación de la anteriormente citada milicia y por la aparición de grupos judíos paramilitares de derecha. Antes de que digamos que los árabes eran unos salvajes, por favor, recordemos que hoy día, en lo que nos gustaría creer que es una época “más civilizada y desarrollada”, en España no son pocos los que aún gritan diciendo que los emigrantes (¡proporcionalmente muchos menos que los que llegaron a Palestina!) no se quieren integrar y vienen a robarnos la riqueza. No digo que la postura palestina fuera aceptable, pero tampoco es difícil de comprender, pues es una actitud que aún hoy posee mucha gente.

Tras una importante revuelta árabe a finales de los años 30, los británicos intentaron poner un límite a la población emigrante (es decir, a la llegada de judíos) y prometieron la independencia de Palestina a finales de la década de los 40, ahora bien, como un sólo estado que tendrían que compartir judíos y árabes. Sin embargo, la guerra mundial (1939-1945) disparó la emigración ilegal en los países en los que la Alemania Nazi penetraba, y tras la guerra los intentos de frenar dicha inmigración no sirvieron de nada, y de hecho la población judía comenzó a enfrentarse de forma más y más agresiva con las autoridades británicas. Reino Unido se encontraba con un problema mucho mayor del que había imaginado, puesto que la población judía se había convertido en un elemento de inestabilidad más que en el elemento estabilizador que habían esperado las autoridades tres décadas atrás. El gobierno británico, con problemas en otros muchos frentes (avance del comunismo en Grecia, deseos independentistas en India, una economía arruinada por la guerra, etc.), optaron por la decisión más rápida y barata: pasar la pelota a las Naciones Unidas.

En 1947, las Naciones Unidas comenzaron a estudiar la situación en Palestina con el telón de fondo de las protestas árabes y de la guerra sucia entre la población judía y las autoridades británicas, con ejecuciones en ambos bandos. La convivencia parecía imposible, y justo tras producirse la partición de la India entre la población hindú y la musulmana, las Naciones Unidas consideraron que lo mejor sería dividir Palestina entre judíos y árabes, y la ciudad de Jerusalén, por su relevancia, sería controlada directamente por la ONU. Sin embargo, los estados árabes que ya existían amenazaron con declarar la guerra en caso de que se formase un estado judío y empezaron a mandar armas a sus vecinos palestinos; al mismo tiempo que la población judía y árabe de Palestina no se ponía de acuerdo sobre la división. La situación se había convertido en un polvorín que amenazaba con arrastrar a toda la zona a un estado de guerra, y que de paso había forjado unos lazos inesperados entre la mayoría de los países árabes: en la negación a la existencia de un estado judío habían encontrado una causa común.

El año clave fue 1948. En mayo de aquel año, las últimas fuerzas británicas abandonaron Palestina, aunque no existió vacío de poder gracias a la excelente organización interna que la población judía había logrado bajo el mandato británico. Era el nacimiento del estado de Israel, y tanto EE UU como la URSS se apresuraron a reconocer al nuevo estado, seguidos de cerca por Egipto, Transjordania, Siria e Irak, con apoyo de Arabia Saudí y Yemen, que declararon la guerra a la recién formada entidad, negándose a reconocer la decisión de las Naciones Unidas. Las autoridades israelíes habían temido dicha posibilidad, y de hecho se habían preparado para tal contingencia, y la invasión árabe encontró una dura resistencia. Por un lado, los árabes estaban pobremente preparados en el sur, pero las fuerzas del Líbano estaban bien entrenadas y dirigidas; no obstante, la llegada de veteranos de la guerra mundial y de armamento moderno (mayormente suministrado por Checoslovaquia, violando una resolución de las Naciones Unidas) acabó decantando la victoria del lado israelí, que amplió sus fronteras.

Israel rápidamente supo jugar sus bazas diplomáticas y mejoró sus relaciones con occidente (hasta el punto de colaborar con Francia y Reino Unido en la Guerra de Suez de 1956) y entró en las Naciones Unidas en 1949. Aunque en un primer momento intentó no tomar partido en la Guerra Fría, las campañas antijudías de Stalin en la URSS acabaron por decantar a Israel hacia el bando estadounidense, comenzando una alianza que aún hoy se mantiene.

Y, puesto que cada acción tiene una reacción, el mundo árabe se vio profundamente trastocado por la derrota ante Israel. En primer lugar, los gobiernos árabes contendientes perdieron legitimidad al no ser capaces de derrotar a Israel, lo que, junto a la vinculación a las antiguas metrópolis, llevaría a una serie de revueltas y golpes que llevarían al poder a militares. La alineación de Israel con EE UU prácticamente decantó la alianza con la URSS de muchos países árabes, pero sobre todo llevaron a l consolidación de unas ideas panarabistas que cohesionaron enormemente al mundo árabe, convirtiendo a Israel en la némesis a destruir. Al mismo tiempo, esta visión antiisraelí llevó a un sentimiento antijudío, lo que hizo que una gran cantidad de la población judía del mundo árabe emigrara hacia Israel, multiplicando en cuestión de pocos años la población del joven país. Muchos de estos cambios, al menos en el marco Mediterráneo, los veremos la próxima semana, y nos ayudarán a comprender la configuración del mundo islámico mediterráneo de la Guerra Fría (que en nuestro caso ocupará de 1948 a 1989).

En resumidas cuentas, la creación de Israel fue una de esas situaciones históricas totalmente imprevisibles. En 1913, nadie esperaba que los británicos se establecieran en las antiguas provincias otomanas, y aunque la idea de apoyar la migración judía para asegurarse su apoyo en la zona fue un movimiento muy inteligente en su momento, en los años 30 dio más problemas que resultados, y con la Segunda Guerra Mundial acabó creando una situación que nadie había esperado. La independencia de Israel por un lado y un estado palestino por otro tal vez no fuera la mejor solución, igual que no lo fue la división de la India, pero la invasión de los países árabes llevó la situación a un nuevo límite que nadie esperaba: una victoria táctica y estratégica israelí que permitió un aumento considerable de sus fronteras. Buscar buenos y malos seria ridículo, porque todos los participantes han sido víctimas de las circunstancias y de unas apuestas que hicieron, apuestas que en la mayoría de las ocasiones no salieron como se esperaba. Sin embargo, es importante comprender que las victorias israelíes dieron credibilidad al régimen democrático, mientras que el fracaso militar árabe abrió la puerta a los golpes de estado y la búsqueda de nuevos sistemas, si bien por otro lado se creó una consciencia de unidad árabe que no había existido desde, posiblemente, el imperio Omeya (¡finalizado en el 750!).




2011-03-10 16:23 | 5 Comentarios


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Comentarios

1
De: CorsarioHierro Fecha: 2011-03-10 20:39

En TU segundo párrafo no queda tan claro que Israel no se pueda remontar a esos antiguos reinos del I milenio a C. Por lo que dices ya había una población judía más o menos autónoma. Otra cosa es lo que me explicó en el insti, cuando pequeño, un conferenciante de la OLP: con los judíos convivirían otros pueblos. Los filisteos de la Biblia serían los palestinos. Jesucristo, de hecho, hablaba arameo, no hebreo.
Perdona la corrección y/o añadido: los nazis querían llevarlos a Madagascar. También existió-y aun existe- una república autónoma judía en Rusia. Lo que no sé es, como le decía a mi colega Salvador, si “…era la Otra Israel o un enorme campo de concentración”.

En algún libro leí la anécdota siguiente: a principios del siglo XX, las vecinas de portal se intercambiaban los niños para amantarlos con lo que muchos judíos tenían un hermano de leche árabe y viceversa.
El tema palestino es la salida fácil para muchos países árabes cuando tienen problemas-y esa es la perdición de Palestina-. Echarle la culpa a Israel. Hassan II, a principios de los setenta mandó a combatir a unidades del ejército marroquí levantiscas contra Israel para quitárselas de en medio.
Es curioso como la partición no aceptada de 1948 es la que ahora Palestina acepta pero no logra en las infructuosas negociaciones con Israel.
Perdón por el tocho. Estoy invadiendo tu blog. ;)



2
De: Jose Joaquín Fecha: 2011-03-11 12:01

A lo que me refería era a que el último estado independiente dirigido por judíos había sido 2.500 años atrás. Efectivamente una población judía se quedó en la zona palestina, pero con el paso de los siglos fue cristianizándose y luego islamizándose (salvo excepciones). A finales del siglo XIX, en Palestina lo que había era un predominio absoluto de la población árabe.

Lo de Madagascar... ¡es verdad! Lapsus mental. Y lo de Rusia no lo sabía, ¿en qué época fue aquello?

El problema con Israel es el problema del discurso nacionalista en general. Cuando hay problemas, el mundo árabe recurre a un discurso panarabista que busca culpar a elementos externos y conducir el descontento hacia Israel. No es algo extraño: en España ese discurso nacionalista se ha dado en el pasado (y hoy día temo que se da, sólo que en lugar de ir dirigido contra un país va contra los inmigrantes).

Muy buenas reflexiones, así da gusto que te extiendas.



3
De: CorsarioHierro Fecha: 2011-03-11 18:44

Lo descubrí de casualidad hace años, al preparar oposiciones, mientras leía un manual de Geografía Descriptiva. Hoy la Wikipedia te permite ampliar y actualizar:
La República Autónoma Hebrea fue fundada en 1928 como el Distrito Nacional Hebreo. Fue el resultado de la política nacional de Vladimir Lenin, mediante la cual, cada grupo nacional que componían a la Unión Soviética recibiría un territorio en el cual tendría autonomía cultural en un marco socialista.
Más en

http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%93blast_Aut%C3%B3nomo_Hebreo



4
De: CorsarioHierro Fecha: 2011-03-11 18:47

Se funda bajo el gobierno de Stalin.



5
De: Jose Joaquín Fecha: 2011-03-12 01:57

Stalin fue desarrollando una postura antisemita a lo largo de su gobierno, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial y la fundación del estado de Israel. En parte su enojo era justificado: el estado había gastado una gran cantidad de recursos en la educación de la población, y que parte de dicha población (sobre todo la que tenía una formación elevada) quisiera partir hacia Israel era algo que disgustaba mucho al dirigente soviético. De hecho, Israel tuvo que pagar un dinero en concepto de indemnización por la pérdida de ciudadanos cualificados que partían hacia la patria judía.

El problema del distrito nacional hebreo como opción a patria judía en la actualidad, por lo que he leído y por las cifras que he buscado, es que... ¿quién quiere ser cola de ratón pudiendo ser cabeza de león? Israel, a pesar de sus problemas, es una potencia económica y militar en su región, además de ser un país independiente... ¿por qué iban a querer sus habitantes migrar, dejar sus casas, ciudades, vecinos y vidas para convertirse en parte de la federación rusa? Una menor autonomía, una economía mucho más caótica y peor distribuida, un idioma cooficial nuevo...

De todas formas, creo que todo esto lo que demuestra es lo complejo del asunto: no es solamente una cuestión económica o demográfica, también ideológica y cultural. La idea de una patria judía es un ideal que, justamente como cualquier otra nación, tiene mucho de construcción cultural y simbólica, y por lo tanto puede ser interpretada de muchas maneras, sólo que en el caso judío, a diferencia de otras naciones, al haber sido una población muy dispersa no existe realmente una "frontera natural" donde todos coincidamos que existe "Israel". De hecho, la propia confusión en lo que significa ser judío (¿una nacionalidad, una religión, una cultura? ¿no es una persona cuya familia ha vivido en Alemania más de trescientos años un alemán? ¿el hijo de un judío se considera judío, aunque sea agnóstico?) hace más complicado el problema.



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