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EL HOMENAJE A ORIENTE DE RICHI

Llegamos a casa de Richi y, como de costumbre, la madre nos abrió la puerta y nos soltó el sermón con el que acostumbraba a recibirnos semanalmente: “Vuestro amigo me tiene frita, más vale que le digáis...”. El mensaje que teníamos que transmitir siempre variaba, de tal modo que unas veces le debíamos convencer para que estudiara más, otras para que no comiese tanto, o, como en esta ocasión, “...que cuando os vayáis tienen que haber desaparecido todos los pósters del cuarto”. Como de costumbre asentimos, dijimos que sí, y nos fuimos al dormitorio de nuestro amigo convencidos de que no nos haría el menor caso.

¿Qué tiene de malo tener unos cuántos pósters en el cuarto? En teoría nada, pero cuando entramos en la habitación de nuestro amigo y vimos que estaba inundada de chicas orientales desnudas que miraban con lascivia hacia todos los rincones nos dimos cuenta de que, posiblemente, Richi había vuelto a hacer una de las suyas.

¿Y esto?”, le pregunté ante el silencio vouyerista del resto de mis amigos.

Es un homenaje a oriente”, nos dijo sin mayor preocupación, como si lo que exhibieran las paredes fuesen paisajes de Laos y China, o pinturas antiguas japonesas.

Con toda la razón del mundo, Kike logró articular: “Te vas a matar a base de homenajes, tío”. O Richi no lo entendió o lo dio por hecho, pues nos mostró una enorme sonrisa que buscaba nuestra complicidad.

Sin duda, nuestro amigo tenía unas ideas originales y estrafalarias, pero no era difícil comprender el cabreo de la madre. Imaginen ustedes que se pasaba cualquier familiar, cualquier visita, y veían el cuarto del niño: un templo a las mejores actrices porno de extremo oriente, enseñándolo todo, como si ocultar la mínima parte del cuerpo supusiera una vergüenza. El cuarto era una fantasía adolescente masculina, eso era indiscutible, pero también la pesadilla de todo padre.

Pero Richi no quería bajarse del carro y nos explicó sus motivos: “Yo he visto a muchas mujeres desnudas, y tengo un criterio, una experiencia, diríase que poseo un bagaje en eso del sexo...”. Todos nos miramos un poco sorprendidos, pues jamás habríamos imaginado que decir veo más porno que todos vosotros juntos se pudiera decir de una manera tan edulcorada. Sin querer hacerse eco de nuestras miradas, Richi continuó diciendo, “...y esa experiencia me ha hecho pensar que no hay mujeres orientales feas, de ahí que les rinda un sincero homenaje”.

Chinas feas hay, no me jodas, que la del restaurante chino de abajo de mi casa parece un jamón disecada”, nos recordó el Cubano. Todos asentimos mientras un escalofrío nos recorría al recordar a aquella mujer.

Eso es porque ha tenido muchos hijos y, claro, la edad se le ha venido encima... ¡pero de joven estaría buenísima”, nos respondió nuestro amigo el homenajeador. Yo no lo vi muy claro, la verdad, porque el tener bigote, ser bizca y tener la nariz con forma de gancho no me parecía en aquel entonces, y ya puestos tampoco ahora, un efecto colateral de la maternidad. Pero Richi decía que sí, que eso pasaba mucho, y que las orientales estaban buenísimas.

Al cabo de un rato, cuando no nos quedaban argumentos, la madre de Richi entró. Alta y grande y como era, pareció ocupar la habitación entera con su presencia, que todos teníamos a cuenta de las muchísimas broncas que habíamos presenciado entre la señora y su retoño.

¿Por qué están esas fulanas colgadas de las paredes todavía?”, se limitó a preguntar.

¡Mamá, te he dicho que esto es un tributo a oriente! ¡Respeta mi cultura!”

¡Mucha paja es lo que hay!”, sentenció la madre, que a fuerza de jalones comenzó a rasgar los pósters uno tras otro, dejando medio brazo en una pared, una cabeza aquí o un pie allá. “¡Mucha paja y poco estudio!”

Una semana después, cuando volvimos por la casa, en la pared sólo había dos pósters. Uno era un mapa político del mundo, y el otro la tabla periódica; con el tiempo hubo otros carteles, algunos con mujeres, aunque todas vestidas. Un año después, Richi seguía diciendo que su madre odiaba la cultura oriental.






2011-02-07 11:22 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: Puri Fecha: 2011-02-07 17:31

No es por las visitas sino por vergüenza. Si mi hijo convirtiera su cuarto en la cartelera de un cine X se me caería la cara de vergüenza porque no habría conseguido inculcarle el más mínimo respeto por las mujeres ni por el sexo.



2
De: skullpirates Fecha: 2011-02-08 16:37

Como empecemos a hablar de chinas, la liamos, Jose...



3
De: Jose Joaquín Fecha: 2011-02-10 10:54

Jajajajaja, muy cierto, Rubén, muy cierto...



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