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ADIOS, QUESADA

En el mundo del cómic, donde los artistas, personajes, tramas y principios vienen y van, once años parecen una eternidad. Sin embargo, Joe Quesada supo llevar las riendas de una de las editoriales más potentes de los Estados Unidos durante once años, convirtiéndose en el segundo editor en jefe que más ha durado en la editorial, por detrás de Stan Lee (¡treinta años!) y por delante de Jim Shooter (diez años).

Visto desde donde hoy estamos, Quesada debería de ser recordado como una rareza (no había desarrollado su carrera en Marvel, ni era guionista, como la mayoría de los editores en jefe anteriores). Un tipo que traicionó las raíces de Marvel a cambio de hacer a los personajes (no a los cómics) más populares que nunca, sobre todo gracias al cine.

Sin embargo, deberíamos de tener cierta perspectiva: sólo podemos entender la década de Joe Quesada si comprendemos la década que hubo justo antes de su llegada.


LA BURBUJA DeFALCO

En 1990 las riendas de la editorial estaban en manos de Tom De Falco, popular guionista de Spider-Man que tuvo que cargar con la compañía tras el repentino despido de Jim Shooter en 1987. Aunque De Falco era un tipo de la casa, y desde luego un guionista competente, bajo su mando comenzaron los problemas de la compañía. Comenzó a cotizar en Bolsa, y eso atrajo a una serie de especuladores que no pretendían ganar dinero a la larga con la compañía, sino exprimirla al máximo y luego revenderla. La especulación afectó a Marvel, que lanzó docenas de series, castigó a los autores sólidos en favor de nuevas estrellas (la salida de Chris Claremont fue sonada), a las que luego no supo cortejar y atar a la compañía (McFarlanne, Lee, Liefeld y Larsen son los ejemplos más claros). Los propios personajes se convirtieron en sombras de sí mismos, con sagas como la del clon, y personajes ultraviolentos que pretendían eclipsar a los propios superhéroes que imitaban (Cable en los mutantes, Venom en Spider-Man, War Machine en Iron Man, Thunderstrike en Thor, etc.) y que obviamente no pudieron aguantar series propias una vez la burbuja especulativa reventó.

De Falco se ha quejado muchas veces de que él mismo no era culpable, que simplemente seguía las directrices que le llegaban desde arriba. Sin embargo, si bien es cierto que su trabajo como guionista siempre fue bastante sólido, no podemos olvidar que nadie le obligaba a continuar en el puesto si no estaba de acuerdo con la política de la editorial.


LOS AÑOS DE CRISIS

En 1994 la burbuja de Marvel era insoportable. Decenas de colecciones se mantenían por puro arte de magia, sin una base de fans suficientemente amplia para comprender su existencia, sin unos artistas de renombre (o sí, pero en horas bajas) que realizaran un trabajo digno. Posiblemente era una estrategia para ocupar lugar en las estanterías y ahogar a la competencia; desde luego la estrategia funcionó, pero al precio de ahogar económicamente a la compañía.

Los intentos de hacer más rentable a Marvel eran absurdos. La industria vivía una crisis enorme, tal vez la más grave desde la aparición de la televisión, e intentar recuperar las cifras de unos años atrás (con un mercado en plena forma y unas estrellas que vendían cómics sólo con su nombre) era una quimera.

DeFalco fue despedido como editor en jefe, y la solución fue dividir la compañía en varios sellos editoriales a cargo de cinco editores en jefe, que procuraron un relanzamiento imposible. Sin duda hubo momentos estelares, con un Karl Kessel divertidísimo al cargo de Daredevil o un Mark Waid épico en Captain America y Avengers, pero fueron excepciones y estuvieron descordinadas. Tras un año, la situación económica empeoró y se volvió a elegir a un solo editor en jefe.


BOB HARRAS AL RESCATE

La elección de Bob Harras siguió una fórmula matemática tremendamente sencilla: el sello de cómics mutantes (X-Men y compañía) era el que más vendía, Bob Harras era su editor, luego Harras debía convertirse en el mandamás de la compañía.

El problema es que, aunque los cómics mutantes vendían mucho más que otros sellos, aún así estaban perdiendo público. Harras era, además, un competente guionista que había desarrollado una excelente etapa en The Avengers y que, justo en el momento en el que parecía estar a punto de coronarla, tuvo que abandonar los guiones en manos mucho menos capaces, hundiendo la serie en el más absoluto caos.

Da la sensación de que Harras tuvo buenos deseos pero malos resultados. Su solución más habitual, poner a Mark Waid al frente de una serie (The Avengers, X-Men) acabó tempranamente, primero por la saga Heroes Reborn, luego por los conflictos internos entre los guionistas mutantes. Otro problema de Harras fue el empleo de guionistas flojos pero obedientes: las series mutantes tenían bastante estabilidad y sus escritores aceptaban que se les retocasen los guiones, pero el resultado eran unos cómics nefastos. Joe Kerry y Steven Seagle (no, el malo de Machete no) se negaron a esa política de cambios y retoques, y no les quedó más remedio que dejar los guiones.

Harras tuvo que enfrentar la bancarrota de 1996-1997, una etapa muy complicada porque, a pesar de las buenas decisiones que tomó (guionistas sólidos como Kurt Busiek o Mark Waid), ni las ventas acompañaban, ni la situación permitía grandes inversiones.

En el año 2000, Bob Harras salía de Marvel y era sustituido por Joe Quesada, que había relanzado un puñado de personajes dentro del sello Marvel Knights.


RECONSTRUYENDO MARVEL, POR JOE QUESADA

Quesada no vino a Marvel a hacer buenos cómics, ni a mantener con orgullo una gloriosa tradición. Quesada vino a reconstruir una Marvel que acababa de escapar del desastre.

Lo peor había pasado, ciertamente, pero había que devolver el esplendor a una editorial que había dilapidado el enorme crédito que tenía entre los lectores. Tramas caóticas, multitud de colecciones clónicas, ventas irrisorias y una serie de nuevas tecnologías (Internet y los videojuegos) que estaban evitando que los más jóvenes se interesaran en los cómics eran los grandes problemas que afrontaba la editorial.

Lo primero que Quesada supo ver fue que, tal y como estaba la situación en la industria del entretenimiento, algo tenía que cambiar en Marvel. Los lectores ya no iban y venían, sino que, muy por el contrario, las editoriales contaban con un núcleo de lectores maduros, con una capacidad adquisitiva bastante mayor que la de un adolescente. El objetivo ya no era conseguir unas pocas series superventas, como habían sido los mutantes o el trepamuros, sino que una amplia gama de series tirasen adelante con la editorial, mientras que series limitadas, especiales y reediciones se aprovecharían del tirón inicial para redondear las ventas. Además, autores sólidos con una libertad creativa bastante amplia tomarían el control de las series; de hecho, los dos únicos cabreos llamativos fueron el de Mark Waid cuando le despidieron de Fantastic Four, aunque inmediatamente volvieron a contar con él, y Straczynski, que abandonó Thor recientemente... ¡muchísimos menos de los que tuvo que lidiar Shooter!

La elección de autores fue excelente en muchas ocasiones, demostrándose que el problema no era tanto que no hubiese buenos escritores como el que no tuvieran libertad. Eso supuso en ocasiones que los guionistas destrozaran la continuidad, como el propio Straczynski hizo en alguna ocasión, pero a cambio creó historietas que se podían leer, con unos personajes creíbles. Lo mismo ocurrió con Bendis y, a un nivel mucho más alto, con un Brubaker que también supo romper con las convenciones (¡resucitó a Bucky!) pero lo hizo tan bien que no nos importó.

El intento de ganar diferentes públicos llevó a la creación de un sello más adulto, Marvel Knights y luego MAX, y la recuperación de los kioscos inspiró a la línea Ultimate, que en el peor de los casos se puede decir que vende muy bien y no fastidia a nadie (no es necesaria leerla, e incluso hay colecciones que se pueden leer con total independencia).

Frente a Bob Harras, que relanzó muchos títulos con un enorme #1 en la portada, para mejorar las ventas de forma momentánea, Quesada apeló al sentimiento de pertenencia a una saga, e intentó recuperar las numeraciones antiguas (y altas) de muchos títulos. Aunque los argumentos rompían con la continuidad, la editorial quería recordar a los lectores que, en el fondo, Spider-man era la misma serie que décadas atrás iniciara Stan Lee.


Decía un antiguo profesor mío de Historia que, al final, las buenas intenciones no construyen nada: los hechos son los que hablan. Quesada cogió una editorial en ruinas y la ha devuelto a la gloria. ¿Hay pocos lectores en Marvel? Los mismos pocos que en DC, que en Image, que en Dark Horse. Querer culpar a Quesada de una pérdida de lectores que comenzó media década antes de su llegada, y que afecta por igual a todas las editoriales, es un ejercicio de miopía. El día que un editor multiplique las ventas de la noche a la mañana, podremos señalar a los demás y decir “¡pringados!”, pero no antes.

Durante una década, Joe Quesada ha guiado el destino de Marvel. No ha hecho lo que yo habría querido, y desde luego no siempre ha tenido éxito, pero en general ha sido una buena etapa, para mí la mejor desde la marcha de Shooter. Obviamente, los nuevos dueños (Disney) y él no han llegado a un acuerdo, pero eso no es malo, simplemente un cambio necesario que evitará el estancamiento. Esperemos que Marvel aproveche este buen momento en que se encuentra y vuelva a sus raíces, o al menos, que lo intente.

2011-01-24 10:49 | 0 Comentarios


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