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METRO 2033 DE GLUKHOVSKY

Soy un apasionado de la ciencia ficción postapocalíptica, tengo que reconocerlo. Posiblemente esa pasión naciera cuando un profesor, allá por 3º de la EGB nos explicó lo que sería una guerra atómica. Si eso no fuera suficiente para llenar de sueños aterradores la mente de un niño, poco después estrenaron Cuando el viento sopla (When the Wind Blow) sobre dos ancianos que sobreviven a una bomba atómica y empiezan a enfermar a causa de la radiación, y también vi en vídeo El día después (The Day After) que representaba con actores lo que sería una ciudad tras una explosión atómica. Cuando digo que el cine destrozó mi vida, ya ven que lo digo en serio.

La curiosidad por conocer cómo sería el mundo tras una guerra atómica me fue embargando, y con los años aprendí a disfrutar no solamente de las obras más realistas (la más trágica y posiblemente real sigue siendo On the Beach) sino también de las más fantásticas o inocentes. No obstante, era incapaz de encontrar relatos de la Europa del Este que describiesen su visión de una guerra atómica, posiblemente porque la necesidad de crear miedo sobre un conflicto nuclear fuese más importante en EE UU y las democracias occidentales (que tenían que justificar unos inmensos gastos armamentísticos) que en el mundo soviético (donde la opinión pública tenía un peso muchísimo menor).

No obstante, recientemente descubrí un relato postapocalíptico tremendamente interesante, escrito en la Rusia postsoviética: Metro 2033, del periodista Dmitry Glukhovsky. Comento la versión inglesa, que es la que adquirí por cuestiones meramente presupuestarias (me salía cerca de 10 € más barata que la edición española), aunque creo que no tiene diferencias realmente grandes, como ilustraciones o añadidos posteriores, con la edición rusa o española (si bien hay que reconocer que la calidad del papel y del mapa de metro de la edición patria es superior a la inglesa).

Glukhovsky no busca un realismo absoluto, y juega con diversos elementos de ciencia ficción: dos décadas después de una guerra total, el mundo parece haber sido arrasado por las bombas atómicas y las armas biológicas, y los únicos supervivientes que quedan (o al menos que se conocen) son los que viven refugiados en el metro de Moscú. Alimentándose de cerdos, de ratas y de unos hongos que crecen bajo tierra (y que antes de la guerra no crecían, o al menos no con esa forma), los seres humanos malviven y se enfrentan por diferentes cuestiones: por la riqueza, por la ideología (neo nazis, comunistas y antiguos militares son sólo algunos ejemplos) y por la religión. Las estaciones de metro se han convertido en poblados improvisados, los túneles en caminos terroríficos que en ocasiones ocultan secretos que es mejor no conocer, y una nueva generación comienza a crecer sin saber realmente lo que fue la luz del sol. Además, criaturas que antaño pudieron ser humanas deambulan por la superficie, mutantes o algo aún peor, fruto de la radiación y las armas biológicas que fueron soltadas.

La trama nos lleva por un recorrido por el mundo del metro de la mano de Artyom, un joven crédulo pero valiente que tendrá que afrontar los misterios del submundo. Al ser narrado todo desde su perspectiva (si bien la narración es en tercera persona), tendremos numerosas dudas sobre si la magia, lo demoníaco, la ciencia ficción o la propia naturaleza son la fuerza que reina detrás de los misterios del metro. Según vayamos avanzando en la novela y Artyom en su camino, iremos descubriendo parte de la verdad.

La historia no deja de ser una novela de aventuras, que de hecho se serializó en 2002 y obtuvo un éxito tan grande que incluso inspiró una secuela. Sin embargo, lo realmente sorprendente no es lo bien descrito que está el libro, ni lo emocionante que resulta la acción, sino que el autor no engaña ni miente al lector, ofreciendo un final redondo, amargo, esperado y al mismo tiempo diferente a todo lo que podíamos haber imaginado.

Del libro diré que, a pesar de estar en inglés, interesó a varias amigas, hasta el punto de que ya son dos las que se lo han leído en un plis plas a pesar de preferir los libros en español. Su éxito es obvio:

Dmitry Glukhovsky no olvida que una historia debe de ser interesante, estar bien construida, tener buenos personajes y mantener en vilo al autor; y si además tiene un mensaje pacifista, mucho mejor.

2010-12-01 00:35 | 1 Comentarios


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Comentarios

1
De: Marian Fecha: 2010-12-13 17:12

En mi opinion creo que la mayoria de las novelas de este tipo tienen un fin pacifista, ya que al ponernos en el horror que podria suponer una catastrofe de esa indole se te quitan las ganas, hasta de gritarle al vecino.



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