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REGRESANDO A BIBLIÓPOLIS

Hace un par de semanas Rafa Marín me regaló Piel de fantasma, su último libro, una colección de relatos cortos que ha publicado con el Grupo AJEC. Le agradecí el regalo, pero le recordé que todos esos cuentos los había leído ya, algunos hace 10 y 13 años, la mayoría de ellos en el propio estudio donde Rafa los había escrito, pegados los dos a la pantalla del ordenador, enseñándome él (nunca he tenido muy claro si conscientemente o no) cómo había que escribir, cómo había que usar las palabras. Tantas horas enseñándome a leer y a escribir, y al final en vez de novelista salgo historiador, vaya vergüenza.

Pero a lo que íbamos, que yo ya había leído aquellos cuentos ahora publicados. Rafa me miró, miró al libro y me volvió a mirar: “Los leíste antes de ser tú”. Y no dijo nada más, dejando a mi elección el revisitar sus textos o no.

Hoy, terminadas las lecturas del verano, decidí releerme uno de aquellos cuentos a los que tenía tanto cariño, “Bibliópolis”, y según iba pasando las páginas me iba dando cuenta de que, efectivamente, el Jose Joaquín que leyó aquel relato no soy yo (ya lo decía Aute, “esos rostros ya no llevan nuestros nombres, son dos máscaras perdidas en la noche”).

Primero, porque ahora que ya he escrito y publicado, peleado con fechas de entrega y con capítulos que no me satisfacían y que borré de un solo clic, entiendo mucho mejor al protagonista que vuelve a esa ciudad-biblioteca donde están los libros que jamás se escribieron. También porque, terminados mis estudios de Historia y ampliados mis gustos literarios, ya reconozco a la mayoría de los personajes que pasan brevemente por el relato, y entiendo esa mención al encarcelamiento de Wilde, y me río al identificar a Little Nemo in Slumberland cabalgando sobre aquella cama de largas patas.

El relato tiene un aire que recuerda a Lord Dunsany, a Lovecraft y a Gaiman, y a pesar de todo tiene una voz propia, un ritmo perfecto que marca (curiosamente con el olor) el comienzo y el final de la narración. No me sorprende en absoluto que Luis G. Prado acabase escogiendo el nombre de Bibliópolis para su editorial, y aún menos que la historia me haya gustado hoy aún más que hace una década.

2010-09-07 08:47 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: OW Fecha: 2010-09-08 17:59

¿Tanto tiempo hace? Joder, qué viejo eres, Joselito...



2
De: Jose Joaquín Fecha: 2010-09-08 19:32

Somos, maestro Jedi, somos...



3
De: OW Fecha: 2010-09-08 20:11

Campo de estasis, padawan. Campo de estasis...



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