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MACHISMO Y PATRIARCADO

En no pocas ocasiones compruebo que la gente, hombres y mujeres por igual, suele hablar de machismo sin tener muy claro a qué se refieren, y sobre todo sin tener muy claro que el machismo no es un “invento” contemporáneo. Por ello, me gustaría hacer algunas reflexiones al respecto.

Lo primero que tenemos que comprender es que las sociedades humanas han sido, hasta donde sabemos (aunque no sabemos tanto como querríamos), patriarcales. Eso quiere decir que eran sociedades dominadas por los hombres, frente a lo que sería el matriarcado, sociedades dominadas por mujeres, que en principio sólo han existido en la fantasía, como podrían ser las amazonas (aunque recordemos las enormes y posiblemente insalvables lagunas que tenemos más allá de 6.000 años, lo que es poco menos que un suspiro en la historia de la raza humana).

Algunos historiadores han querido explicar el dominio masculino como consecuencia de la guerra o incluso la caza, puesto que los machos de la especie humana son más fuertes, por lo general, que las hembras. Otros han querido ver no una diferencia en la capacidad física de la mujer para luchar o cazar, sino en el papel fundamental de madres, por lo que la mujer tenía un papel más importante y por lo tanto no podía arriesgarse a morir. Esto, no obstante, son sólo especulaciones difíciles de corroborar, pues estamos hablando de modelos sociales que se reproducen a sí mismos durante cientos de años sin que en ningún momento se escribiese sobre sus orígenes.

El hecho es que llegados a un punto de desarrollo tecnológico, el patriarcado necesitó reafirmar su dominio sobre la mujer, igual que los gobernantes tuvieron que reafirmar su poder sobre el pueblo. Para ello se recurrió en ambos casos a métodos muy similares: el mito y la coacción por la fuerza.

En el caso del mito, el patriarcado articula una serie de pensamientos y conceptos no científicos, pero que ayudan a explicar porqué los hombres son más importantes que las mujeres. Por ejemplo, en el judeocristianismo o en la mitología griega son mujeres las que ponen fin a la Edad Dorada (Eva cayendo en la tentación y arrastrando al hombre, Pandora siendo víctima de la curiosidad y abriendo la caja/tinaja donde se encontraban todos los males). De igual manera, la tecnología suele estar alejada de las mujeres, sobre todo la tecnología bélica y todo lo relacionado a ella (forja de metales y herrería, empleo de armas, mando de ejércitos, etc.)

Según la sociedad se desarrolla, los mitos evolucionan y se apartan de la religión (aunque nunca de forma definitiva) para entrar en el terreno de lo histórico o lo biológico. Así, por poner un ejemplo, en época romana habría unas cuantas mujeres que serían demonizadas mucho más que cualquier hombre por haberse atrevido a amenazar en lo político y militar a Roma, por poner sólo dos ejemplos, Cleopatra en Egipto y Boadicea en Britania. Otro ejemplo, esta vez biológico, fue la presunción de que los hombres sólo tenían hormonas masculinas y las mujeres sólo hormonas femeninas, y que las hormonas nos construían la forma de ser (lo que en resumen significaría que todos los hombres somos iguales, independientemente de la educación o la sociedad, y tres cuartos de lo mismo para las mujeres): a los hombres nos daban inteligencia, a las mujeres belleza y ternura. Por supuesto, nadie reparaba en que un hombre analfabeto no era muy diferente de una mujer analfabeta, ni que había pocas mujeres cultivadas intelectualmente porque no se les permitía el acceso a las universidades, ni se potenciaba que estudiasen más allá de lo básico (y no podemos olvidar una frase clásica del franquismo: “Con lo fea que es, mejor que estudie”, dando a entender que si eres guapa tendrías un marido y, entonces, no te haría falta saber nada).

Ya en el mundo industrializado, lo que encontramos es una diferenciación artificial entre el trabajo masculino y el femenino. Tabaqueras e hilanderas, aunque echaban las mismas horas que un hombre en las fábricas, cobraban menos: su trabajo era una cosa de mujeres, que no requería talento, sólo habilidad femenina que era innata. Pocos se paraban a pensar que el trabajo de las fábricas de tabaco al principio lo hacían hombres, y que también hubo hombres hilanderos, pero la feminización del oficio permitió el descenso de los salarios y el consecuente ahorro para el empresario. Esto no era sólo una cuestión económica, sino también ideológica, pues los propios hombres no querían trabajar en oficios feminizados (recordemos los primeros problemas que tuvieron los azafatos o los enfermeros), y obviamente a las mujeres no se las tomaba en serio en trabajos masculinizados (caso de las primeras doctoras o abogadas). El trabajo del hombre era, por lo tanto, una habilidad adquirida que requería inteligencia, frente al de la mujer, que era puro instinto: el médico sabe ciencia, la enfermera es una segunda madre para el enfermo; el profesor universitario enseña conocimientos, la maestra de escuela es una madre fuera del hogar para los niños y niñas pequeños; etc.

Cuando hoy hablamos de machismo, no hablamos de una cuestión simplemente económica o doméstica, sino en una concepción del mundo que fue generada y asimilada por una sociedad patriarcal que deseaba (y logró) perpetuarse. Durante siglos, las personas no fueron machistas, sino que la propia sociedad lo fue.

Aún hoy, vamos a encontrar personas que se escudan en dudosos estudios científicos, que no encuentran respaldo alguno en las universidades occidentales, no porque sus ideas sean mejores o peores, sino porque carecen del rigor científico necesario para defender una tesis. Sin embargo, la mayoría de las personas (hombres y mujeres) aún mantienen ideas machistas de forma subconsciente, es decir, no han elegido ser machistas, sino que se han educado en una sociedad donde el dominio del hombre era natural (el hombre tiene tiempo libre, la mujer ayuda en la casa; el honor de la familia no se pierde si el hijo pierde la virginidad, sino si la hija la pierde; etc.)

El gran avance de nuestro tiempo, y esto ya es una opinión totalmente mía, ha sido comprender la construcción cultural y social patriarcal e intentar crear un modelo más justo e igualitario. Intento que aún está en pañales, obviamente, puesto que estamos hablando de creencias transmitidas a lo largo de cientos de años como poco.

2010-07-19 00:30 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: skullpirates Fecha: 2010-07-19 19:48

Muy buen aporte, como siempre.

Realmente, por muy "modernos" o "progres" que queramos ser, siempre quedarán (tanto en hombres como en mujeres)recovecos de irreductibles prejuicios machistas que se resisten al invasor... como Asterix.

Otro día, hablaremos del machismo "negativo" (se puede defender el género masculino sin necesariamente menoscabar el femenino) y de por qué ciertos feminismos pueden ser igual de denostables que éste.



2
De: CorsarioHierro Fecha: 2010-07-19 21:35

Además, hay un momento en que al Capital le interesa liberarse del Patriarcado. Pues no dándose en un momento dado las características sociales y económicas que pudieran hacer util al patriarcado se le elimina Si no estaría renunciando a una mano de obra capacitada, por no decir muy capacitada, y un potencial consumidor. O sea, no voy a perder a una brillante informática o médico que puede producir y consumir a gran nivel sólo por ser mujer. Que a las explotadas en las maquilas e hipermercados se les reconozcan ciertos derechos...pues también mientras sean felices, y no cuestionen que se les paga poco.

voy a usarlo en clase el curso que viene.



3
De: Jose Joaquín Fecha: 2010-07-19 22:04

Skull, qué te voy a decir: ser extremista hasta la médula es ser tonto o tonta hasta la médula, caer en incoherencias y, lo que es peor, repetir desde otra perspectiva el discurso que tanto odiabas

Corsario, muy muy cierto. El trabajo de la mujer es imprescindible en la sociedad de consumo, y curiosamente son sueldos para consumo lo que se les paga. Lo que en el fondo no deja de ser el sueldo complemento que se pagaba en el siglo XIX.



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