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NUEVOS CLONES Y VIEJAS ARAÑAS

En el mundo del cómic existe una cosa interesante, aunque también un poco tontorrona, llamada “continuidad”. La idea consiste, dicho de manera simple, en que todo lo que ocurre en una historieta afectará a las siguientes aventuras, dando así un toque realista al cómic. Usualmente los cómics tenían muy escasa continuidad, al menos hasta los años 60: el héroe poseía un status quo al que regresaba al final de cada historieta: ¿Lois Lane descubría que Clark Kent y Superman eran la misma persona? No problemo, al final de la historieta se olvidaba por cualquier motivo (magia, un golpe, lo que fuera). ¿Batman pedía matrimonio a Batwoman? Tranquilos, al final del tebeo encontraba una excusa para no cumplir su promesa.

En los años 60 todo cambió. Los héroes empezaron a evolucionar, y aunque no lo hacían de manera radical, su vida parecía avanzar como la nuestra. Peter Parker, o sea, Spider-Man, cambiaba de novia, acababa el instituto, conocía y mantenía nuevos amigos, se independizaba, cambiaba de trabajo… si un villano moría, muerto quedaba, y si reaparecía debía presentar una explicación plausible (de ahí que el héroe nunca encontrara el cuerpo muerto del villano, para así poder decir que había escapado en el último momento cuando el humo de tal o cual explosión le tapaba la visión al héroe).

El problema de la continuidad es que algunas historietas eran estúpidas, en ocasiones por culpa de un guionista poco dotado, en ocasiones a causa de una idea que parecía buena en la teoría pero que se llevaba mal a la práctica. Entonces había que hacer piruetas argumentales para corregir el error, porque claro, los lectores vivíamos la ficción de que ese universo era real, de que los guionistas solamente nos contaban la biografía ya existente de esos héroes,  y no podías decir: “Ey, aquel tebeo tan malo como si no hubiese ocurrido.”

Alan Moore, el autor de Watchmen y V for Vendetta, contó una historia fuera de continuidad de Superman, y dijo en broma: “Esta es una historia imaginaria… ¿pero acaso no lo son todas?”, dejando claro que la ficción es simplemente eso, ficción, y será mejor o peor acorde a la calidad de quien la escriba. A fin de cuentas, cuando leemos Watchmen nos creemos que esos héroes han existido desde siempre, aunque sólo protagonizaran doce números en toda su carrera.

Actualmente los editores parecen menos aterrados con la continuidad. La consideran una herramienta útil, que obviamente gusta a los lectores, pero no debe de ser un estigma que acompañe todo tebeo. Por ejemplo, a Chris Claremont le han dejado hacer un cómic llamado GeNext sobre los hijos y nietos de los X-Men, ambientado en un futuro que lo mismo es dentro de diez años o lo mismo dentro de cincuenta, y que está tremendamente bien. Tras eso, ha hecho X-Men Forever, donde narra las aventuras de los mutantes a su manera, obviando los últimos 20 años de continuidad…¡y en sólo 12 números ha contado más y mejor que en las últimas dos décadas!

Emocionada con la idea, Marvel no ha tardado en lanzar una serie llamada Spider-man: Clone Saga. La saga del clon fue, allá a comienzos y mediados de los 90, el peor momento de Spider-man y posiblemente de Marvel Comics, con unas tramas absurdas, un intento de crear misterio sin saber qué se estaba contando, y un argumento que no avanzaba hacia ninguna parte, ni tuvo una conclusión coherente (de hecho cerraron la saga una y otra vez, pero siempre se dejaban cabos sueltos), que duró casi 200 números e hizo que le cogiera asco al personaje (luego se lo perdí leyendo las historias clásicas, que en un solo número contaban más y mejor que en toda aquella saga de clones).

Ahora Tom DeFalco y Howard Mackie, dos guionistas que colaboraron en la saga original, tienen la oportunidad de recontarla como querrían haberlo hecho: sin presiones de editores, sin alargar tanto la historieta, contando justo lo que ellos quieren. El resultado, desgraciadamente, es pésimo. Y es que, por más que se recuente, una mala idea siempre resulta mala.

De hecho, uno no tiene la sensación de estar leyendo “la saga como querríamos haberla contado” sino “la saga resumida”. Pasan muchas cosas, pasan muy rápido, no están mal contadas… pero es lo mismito que pasó la primera vez, como si tuvieran miedo de salirse del camino, como si romper con la continuidad fuera un crimen punible. Una lástima: Dan Barry reinventó Flash Gordon, John Byrne a Superman, Len Wein y Chris Claremont a los X-Men… y siempre cambiaron cosas, actualizaron ideas, quitaron paja. Porque al final, si contamos la misma mala historia resumida, lo único que conseguimos es contarla más rápido.

2010-02-15 10:38 | 0 Comentarios


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