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CRÓNICA DE UNA NOCHE NAVIDEÑA

Hubo un tiempo en el que la Navidad me encantaba: las luces inundando las calles, reencontrarse con todos los familiares a los que normalmente no ves, dulces, regalos, jornadas de rol (que se celebraban entre Navidad y Fin de Año)… pero luego las fiestas fueron perdiendo su encanto, su aspecto comercial se me hizo demasiado evidente, y cada fiesta me parecía idéntica a la anterior. Obviamente seguía siendo estupendo reencontrarse con la familia, pero ya no existía esa magia que una vez soñé vivir.

 

 

Estas navidades chilenas han sido muy especiales, no sólo por encontrarme muy arropado a pesar de estar a medio mundo de distancia, sino porque todo era nuevo, diferente, y a la vez extrañamente familiar.

Una de las cosas más curiosas es el calor. Cuando pensaba que no iba a ver a mis padres, tías y abuelas, amistades varias, compañeros y mentores, obviamente me apenaba, pero no fue hasta que estuve sentado a la mesa, con los villancicos puestos y el árbol encendido, que comprendí que realmente estábamos en Navidad. ¡Estaba pasando tanto calor que mi cerebro era capaz de aceptar la fecha en la que estábamos!

 

 

La celebración fue bastante estadounidense, o al menos es lo que uno esperaría ver en una película estadounidense. El padre de Paula trinchó un excelente pavo, al que la madre había inyectado coñac suficiente para casi resucitarlo, brindamos con champán, bailamos junto al árbol, y los abuelos incluso bendijeron la mesa, lo que también me resultó extrañísimo.

No faltaron elementos originales, claro está. Bebimos cola de mono, una bebida a base de café, leche y aguardiente, además de algunos otros aderezos, ideal para acompañar los dulces pero, al mismo tiempo, terriblemente peligrosa por lo fácilmente que descendía por el gaznate. A las doce de la noche pusimos al niño Jesús en el belén… ¡y le cantamos cumpleaños feliz! Que por cierto, aunque en general es parecida, la letra de dicha canción varía respecto a la que cantamos en España.

 

 

Y como eran las doce y ya era día 25, brindamos con champán nuevamente y empezamos a repartirnos los regalos (¡y menuda cantidad de regalos!), lo que nuevamente me pareció muy divertido, porque en mi casa antes se daban el día 6 de enero, y actualmente los hacemos en las rebajas (algo impensable acá en Chile, porque las rebajas se hicieron estos días justamente para fomentar las comprar navideñas).

Sigo sin ser un aficionado a estas fechas, pero ha sido muy divertido vivirlas tan lejos y comparar las diferencias y parecidos.

2009-12-26 00:51 | 0 Comentarios


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