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MIS MONSTRUOS YA NO SON LO QUE ERAN

Aún recuerdo la primera vez que vi un vampiro. Fue en un cine de verano, cuando apenas tenía seis años, y la película me dejó totalmente impresionado. El vampiro era un monstruo imparable, que podía dominarte, perseguirte en sus formas animales, derrotarte físicamente... los héroes parecían vencer más por casualidad que por sus habilidades. Poco después leí los cómics de Drácula que publicaba Cómics Forum (reediciones de The Tomb of Dracula) y, aunque eran cómics que empleaban el Comic Code Authority, y por lo tanto no había excesiva violencia ni sangre, mi terror y al mismo tiempo fascinación hacia los vampiros no dejó de crecer.

De hecho, todos los monstruos parecían tener cierto halo terrible y al mismo tiempo muy atrayente. El monstruo de Frankenstein, el salvaje hombre lobo, las aterradoras legiones de zombies, los espectros que volvían de sus tumbas... todos ellos configuraban un pabellón de terrores de lo más atractivo que dio un toque oscuro y fantástico a mi niñez, y a la de muchas otras personas.

Todas aquellas criaturas eran en cierta forma fuerzas de la naturaleza desatadas, tan peligrosas (y en ocasiones tan irracionales) como podrían serlo un huracán o un terremoto. El vampiro era la fuerza definitiva, qué duda cabe, pues representaba la sexualidad (su elección de víctimas femeninas, su bellaza cuando la chupadora de sangre era una mujer, el acto en sí de penetrar a la víctima y que sus fluidos manasen libres); el hombre lobo era la naturaleza en estado puro, cuya razón de ser se nos escapaba y cuyas reglas no tenían nada que ver con el mundo racional que el hombre creía haber establecido; los zombies eran los instintos más básicos, el alimentarse (curiosamente nadie les ha hecho tener instinto sexual) sin preocuparse de dónde proviniera la carne. Frankenstein era otra cosa, ciertamente, no tenía tanto que ver con la fuerza de la naturaleza como con la capacidad del hombre para crear vida (y con ella inteligencia), pero luego no ser capaz de comprenderla ni aceptarla.

Algunos críticos han considerado que, mientras que la literatura de terror tradicional (decimonónica en su origen) sí estaba pensada para un público de todas las edades, aunque eminentemente masculino por sus temas y personajes, el cine de terror que tan bien representara la Hammer tendría como objetivo al espectador adolescente, que pudiese reflejarse en el héroe que salvaba a la chica, pero que al mismo tiempo se excitara con el despliegue sensual de las vampiras, con el vampiro penetrando con sus colmillos a la muchacha o con las relaciones lésbicas que insinuaban criaturas como Carmilla. Esto quiere decir que, durante mucho tiempo, el terror fue vendido como una cosa “de hombres”, aunque obviamente eso no quita que hubiese aficionadas al mismo.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte el terror ha comenzado a cambiar drásticamente, posiblemente porque nuestra sociedad también ha experimentado profundos cambios y ha sentido la necesidad de reinventar sus mitos.

 

 

El primer cambio importante se dio en la figura de Frankenstein, que pasó de ser un remedo de cuerpos muertos a estar creado de frío e inerte metal primero, de plásticos y fibra óptica después. Frankenstein se convirtió en el robot María de Metropolis (1927), una creación humana que no podía conectar con el mundo de los vivos, y que amenazaba con destruirlo; aunque obviamente el robot evolucionó, y en los cómics pasó a ser The Vision, el androide que poseía un cuerpo artificial pero descubrió en su interior sentimientos muy humanos (The Avengers #57, 1967). Si Frankenstein planteaba problemas morales, pues el hombre no podía controlar a su propia creación, el robot no plantearía menos quebraderos de cabeza, tal y como describiera Isaac Asimov en Yo, Robot (1950). Para mí, no obstante, la mejor representación del ser artificial se encuentra en Blade Runner (1982), donde Roy Batty acaba matando con sus propias manos a su creador, igual que el monstruo de Shelley mataría al suyo; la diferencia sería que mientras el monstruo de Frankenstein lo haría en un acto de inconsciencia, Batty ejecutaría al hombre que le dio la vida en un claro acto de nihilismo.

Los vampiros también conocieron el cambio de la mano de la escritora Ann Rice, que en su novela Entrevista con el vampiro (1976) los seguía respetando como mito sexual, pero al mismo tiempo les quitó el aura de maldad intrínseca que los rodeaba y les introdujo sentimientos como el amor; la obra no tendría excesiva repercusión en un principio, pero a mediados de los 80 comenzó a ganar fuerza (con la publicación de dos secuelas), y a comienzos de los 90 inspiraría el juego Vampiro: La Mascarada (1991), que adaptaba al mundo del rol todas las innovaciones hechas por la autora. El cine comenzó a hacerse eco de estos nuevos vampiros que combinaban sexualidad con sentimientos humanos tales como el amor, y buena prueba de ello son Dracula de Bram Stoker (1992) o la adaptación fílmica de Entrevista con un Vampiro (1994); también las teleseries dejaron claro que los vampiros eran algo más que monstruos, como revelan las dos relaciones que tendría Buffy Cazavampiros (1997-2003) con dichas criaturas, pero también como muestran las relaciones de amor entre los villanos de la serie, tales como la de Spike y Drusilla.

Si bien no tanto como los vampiros, los zombies también han mostrado sutiles cambios. Los cadáveres animados que devoran carne han evolucionado bien poco en sí mismos, pero las historias que se cuentan a partir de ellos ya no son meros relatos de terror y gore. Si alguien dudaba que las películas de George Romero El amanecer de los muerto (1978) y El día de los muertos  (1985) poseían una fuerte carga de crítica social (el atrincheramiento en un supermercado, los militares tomando el control de la situación sin ser capaces de resolver el problema, etc.), La tierra de los muertos (2005), con su ciudad consumista, sus élites y sus clases bajas, dejó claro que el director estaba contando mucho más que películas de terror. También el guionista de cómics Kirkman ha demostrado con The Walking Dead (2003-) que los zombies son una excusa para profundizar en la sociedad humana, en qué fácilmente podemos perder el barniz de civilización que creemos firmemente fijado a nuestras personas.

Repetido hasta la saciedad, el mito del ser humano que no sabe que ha muerto y pretende continuar con su vida, ha dado una nueva orientación a los espectros. Ghost (1990) fue la película que influiría, en gran medida, a todas las demás; no obstante, la idea era ya insinuada en la novela Ubik de Philip K. Dick (1969). El éxito de esta premisa llegaría definitivamente de la mano de El sexto sentido (1999), la oportunista El arte de morir (2000) o la impresionante Los otros (2001), ofrece una reflexión sobre cómo percibimos el mundo, cómo estamos atados a las cosas materiales y, en última instancia, lo poco que sabemos sobre la muerte y sus consecuencias. Series como Tan muertos como yo (2003-2004) o Entre fantasmas (2005-).

Tal vez los hombres lobo sean los seres que menos cambios hayan sufrido. Solamente un juego de rol, Hombre Lobo: El Apocalipsis (1992), ha ofrecido la idea de los hombres lobo como defensores de la Madre Naturaleza frente a los ataques de los seres humanos.

 

 

En general, las criaturas de la noche ya no son monstruos. Salvando a los zombies, todas los demás seres han mostrado sentimientos humanos en las adaptaciones que se han venido produciendo, hasta el punto de que sus historias ya no tienen como objetivo dar miedo.

¿A qué se debe esto? Primero, a una revisión fruto de los tiempos. La figura de los monstruos estaba más que agotada debida a la sobreexplotación de unos arquetipos fijos, sobre todo en el cine, y había que buscar nuevas formas de representación. Esto no es para nada novedoso, ya que la comedia romántica, las películas de superhéroes, de fantasía o de ciencia-ficción también han tenido que reinventarse con los tiempos.

Un aspecto que sí es novedoso es la aparición de un público femenino que se identifica con los personajes. Así, frente a la mujer como víctima que el macho debía proteger, o como demoníaca criatura cuya lívido incontenible satisfacía al espectador y le daba algo en qué pensar en sus ratos íntimos en el cuarto de baño, los personajes femeninos fuertes y activos han ganado peso. Buffy es la quintaesencia de la mujer fuerte, que no cede a los monstruos, y que aún así vive una relación prohibida, condenada al fracaso, con dos de ellos. Otros personajes femeninos, si bien no poseen la fuerza de la poderosa cazadora de vampiros, se unen al vampiro en igualdad de condiciones: a pesar de la diferencia de edad, la protagonista de Diarios de un Vampiro (2009) ha experimentado la misma pérdida y desesperación que su amante inmortal. Las relaciones, si no en igualdad física, sí parten de una igualdad emocional y afectiva.

Además hay que tener en cuenta la corriente neorromántica que ha influenciado estas obras (corriente que va más allá del movimiento gótico, aunque también lo abarca). La importancia de los sentimientos, aunque estos lleven a la destrucción de los individuos, se hace patente en las relaciones prohibidas de Buffy o de la protagonista de Crepúsculo (2005). Así, frente a una sociedad que el adolescente (público masivo aunque no único de muchas de estas series y novelas) ve como vacía y materialista, la relación prohibida guía hacia un final trágico que los individuos están dispuestos a pagar a cambio de la felicidad que están disfrutando. Una idea no muy diferente a la que veríamos en el final de Blade Runner (el montaje del director), cuando Deckard huye con Rachel sin que sepamos qué ocurrirá a continuación, y sin que les importe, porque por primera vez en toda la película son libres y no quieren dejar de serlos nunca más, aunque eso les conduzca a la muerte.

A modo de conclusión: mis monstruos ya no son lo que eran. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente diferente. Una nueva mitología se abre ante las nuevas generaciones, y aunque yo seguiré disfrutando enormemente leyendo los cómics de Drácula, el relato de Carmilla o viendo Nosferatu, no me privaré de disfrutar de estas nuevas interpretaciones.

2009-09-30 09:06 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: skullpirates Fecha: 2009-09-30 15:46

Pues ya verás ahora que Hollywood ha descubierto a Lovecraft...



2
De: Anónimo Fecha: 2009-09-30 18:15

Hay películas nuevas de H.P.???



3
De: skullpirates Fecha: 2009-10-01 15:40

Ron Howard amenaza con ello, sí.



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