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LA MUERTE DE SUPERMAN

En 1992 Lois Lane ya sabía que, tras sus gafas de miope, el tímido Clark Kent era realmente Superman. Y como ambos estaban enamorados, tanto guionistas como editores pensaron que ya era hora de casar a la pareja más antigua en la historia del comic book (seguida muy de cerca por Batman y Robin).

Sin embargo, a última hora, los jefazos de Warner Bros. decidieron que no, que la boda debía esperar al menos un par de años. ¿Y eso? En aquellos momentos se iba a comenzar a grabar una teleserie llamada Lois y Clark: Las nuevas aventuras de Superman. Los jefazos de la casa pensaron que sería buena idea casar a los personajes a la vez en la teleserie y en el cómic, pero no en la primera temporada, pues antes había que mostrar los tiras y afloja entre ambos los tortolitos.

Los guionistas del cómic (Roger Stern, Jerry Ordway, Lois Simons y Darn Jurgens) se echaron las manos a la cabeza… ¿qué iban a hacer ahora? A alguien se le ocurrió, en broma, que si no lo casaban podían matarlo. Pero a los editores no les pareció que fuese mala idea, a fin de cuentas el mercado del cómic estaba en pleno auge, y matar al superhéroe más antiguo y famoso de todos podría ser una maniobra publicitaria magnífica.

Así nació una de las sagas más recordadas (y publicitadas) del hombre de acero. La muerte de Superman.

 

CÓMO MATAR A UN SUPERHOMBRE

Los guionistas sabían que un villano corriente no podía matar al hombre de acero. Sería ridículo, nadie se creería que tras sesenta años de intentos fallidos Lex Luthor o algún otro criminal lograse, por pura chiripa, cargarse al superhombre por antonomasia. Así que inventaron a un villano de terrorífica apariencia: Doomsday (Juicio Final).

Como Superman tenía cuatro series mensuales (salía un tebeo cada semana), la lucha y muerte del héroe se contó a lo largo de seis cómics, con pausa, desarrollando los acontecimiento sin prisa.

 

 

La historia era simple, pero indudablemente efectiva: El malvado Doomsday aparecía un poco por la cara, y empezaba a destruirlo todo a su paso. La Liga de la Justicia intentaba detenerlo con nulos resultados (de hecho, el grupo quedaría gravemente debilitado tras aquel combate). Sólo Superman, a través de una serie de épicas batallas, bastante entretenidas de leer, logró vencer a aquel monstruo. Eso sí, a un precio muy caro: su propia vida.

 

FUNERAL POR UN AMIGO

Los lectores, que eran frikis pero no tontos, esperaban que al número siguiente Superman resucitase. Sin embargo, la publicidad que se dio en la prensa a la muerte del héroe hizo que los guionistas quisieran prolongar la tensión un poco más. Durante dos  meses, todos los tebeos de Superman (y de muchos otros héroes de DC) mostraron una banda negra en señal de luto, dedicándose a mostrar los miedos y las esperanzas de los héroes que, atónitos, se hacían a la idea de la muerte del mayor superhéroe de todos. Incluso se regaló a los lectores una banda negra con la letra S, siendo posiblemente el primer personaje de cómic por el cual alguien llevara luto.

 

 

La saga abarcaba ocho números donde los numerosos secundarios de las cuatro series debían cargar con el protagonismo de los cómics en ausencia del héroe. Unos episodios bastante bien contados, donde la ausencia de acción contrasta con los episodios de lucha anteriores.

 

EL REINO DE LOS SUPERHOMBRES

El héroe tenía que volver, no quedaba más remedio. Los guionistas (y aquí aparece un brillante Karl Kessel que sustituye a Jerry Ordway) sabían que los lectores esperaban la vuelta del héroe. De ahí la audaz idea de traer de vuelta no a un Superman, sino a cuatro: Un cyborg (Superman reconstruido), un Superboy adolescente (Superman clonado), un tipo con una armadura de acero llamado Steel (Superman reencarnado en otro cuerpo) y un vistoso personaje con estética de superhéroe Image (Superman con poderes alterados).

 

 

El reino de los superhombres dio bastante libertad a los guionistas, que pudieron desarrollar unos nuevos personajes que, en algunos casos, consiguieron bastante fama (Steel y Supeboy disfrutarían, poco tiempo después, de series propias bastante aceptables). También permitió que los lectores jugasen a adivinar quién era el auténtico superhéroe, dándose numerosas pistas que rápidamente plantearon más dudas que respuestas.

Aunque las aventuras de los cuatro superhombres eran independientes y autoconclusivas, poco a poco se fueron encontrando y se desarrollaron filias y fobias. El Cyborg y el Superman con nuevos poderes parecían los auténticos Superman, pero mientras que la apariencia del primero era demasiado inquietante, el segundo usaba sus poderes de forma salvaje, masacrando a los criminales. Steel enseguida se vio que era un héroe inspirado en el Superman, y Superboy, que era un chuleta, rápidamente demostró que sólo compartía los genes de su predecesor.

 

EL REGRESO DE SUPERMAN

Sin previo aviso, descubríamos que el Superman cibernético era un villano que encabezaba una invasión alienígena. En su plan para dominar la Tierra destruyó Coast City, el hogar del superhéroe Green Lantern, matando de paso a varios millones de personas. Al final reaparece Superman, se explica dónde ha estado todo este tiempo y, como todos esperaban, happy end.

Aunque la historia es entretenida, se me antoja aún hoy un tanto antipática. En primer lugar, porque la resurrección de Superman es demasiado compleja y traída por los pelos, cuando algo más simple habría funcionado igualmente. Además, la invasión alienígena tiene un toque a película de serie B (durante mucho tiempo, los alienígenas del universo DC han sido poco más que extras desechados de la versión turca de Star Wars) que hace aún menos creíble la historia. Por último, la trama se alarga demasiado y cuenta muy poco, más aún porque seguimos sin enterarnos de quién era ese Doomsday que hab´çia matado al héroe.

 

 

Aún así, en su conjunto, la Muerte de Superman tuvo bastante coherencia interna, máxime si tenemos en cuenta que en ella intervinieron cinco guionistas, cuatro dibujantes y un editor. De hecho, sus defectos no pueden atribuirse a la saga, sino más bien al propio personaje, quien ya de por sí es bastante poco creíble.

 

CONSECUENCIAS

Para Superman, la saga tuvo escasas consecuencias: se dejó crecer un poco de melena (para que no le reconociesen, Clark Kent tendría la genial idea de cogerse una coleta).

Para la industria del cómic, la Muerte de Superman resultó un rentable modelo a imitar. Unas veces lo harían de manera descarada, como la muerte de Punisher y su sustitución por varios justicieros imitadores; otras retirarían al héroe con una excusa igualmente drástica, como sería el caso de Batman en la saga Knightfall, en la cual un villano le rompería la espalda, condenándole a una silla de ruedas y obligándole a designas un sustituto.

 

 

La idea de llevar al héroe al límite se dejó ver en muchas colecciones, aunque pocas veces tan mal desarrollada como en la Saga del Clon de Spider-man. La aparición de un clon del héroe arácnido comenzaría bastante bien, siguiendo los pasos de la saga aquí comentada, pero a diferencia de ésta, ni los editores ni los equipos creativos supieron qué contar. De hecho, hubo tantos guionistas implicados que la trama acabó contradiciéndose en numerosos momentos, alargándose sin vistos de llegar a ninguna parte, aunque aumentando de forma breve las ventas de las series arácnidas.

Al final, cuando los lectores se hartaron de tanto truco y tanto cambio que al final no era más que humo y espejos, los editores comenzaron a echar mano a otros trucos más nuevos, y matar o llevar al límite al héroe dejó de hacerse... al menos, hasta que vuelva a ser rentable.

 

2008-09-05 00:18 | 2 Comentarios


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Comentarios

1
De: experimento 626 Fecha: 2008-09-05 08:08

En cambio, la novela basada en la historia (adaptada por Roger Stern)es mucho mejor,quizá por que ahí Dans Jurgens pudo meter (mas) mano.



2
De: Jose Joaquin Fecha: 2008-09-05 08:12

La novela la escribió solito y sin ayuda Stern (que para algo le pagaban sólo a él). No creo que Jurgens metiera mucha baza en ella.



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