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Gades Noctem |
Cómo los cómics, el rol y el cine destrozaron mi vida... para mejor. | ![]() |
AVENTURAS DE CARBONELL 11: EL PRINCIPITO
¿Cómo dices? ¿Que no es para tanto? Vaya, parece que no recuerdas lo que le pasó al Calvo en El Principito.
El Principito es un puticlub de las afueras de Sevilla, uno de esos enormes que poco más o menos parecen un supermercado de la carne, donde sólo falta que las chicas lleven en el escote una tarjetita con el precio. Como tú bien sabes, Pablo, a tu compañero El Calvo le encantaba ir allí. Cuando tenía novia, le daba incluso coraje acostarse con ella, porque luego no podía cumplir con las prostitutas. Cuando estaba soltero, no había fin de semana en que no se dejara pasar por allí. Por supuesto, allí no era El Calvo, sino Don Carlos, y no había chiquita de Chile a Bielorrusia que tu compañero no se hubiese calzado. Una tarde, cuando cobrasteis la paga extra, al Calvo se le metió en la cabeza del pene que teníais que iros de putas. Y no es que al Chou no le hiciera ilusión, pero hijo, es que eran las cinco de la tarde, y a esa hora las chiquitas de alterne están desayunando magdalenas de verdad. Pero tu compañero insistía e insistía, y no os quedó más remedio que ir para allá. El local estaba cerrado a cal y canto, como tú ya imaginabas, pero eso no pareció inquietar a tu compañero, que a la voz de “¡Esperaremos!” se acercó a la gasolinera más cercana y compró un botellón. No sé si sería por el exceso de sol, por la hora extraña o por la marca del whisky, pero os cogisteis un cebollón de esos que quitan el hipo y bajan los ánimos de la entrepierna. Cual El Principito comenzó a mostrar signos de vida en su interior, El Chou y tú estabais para el arrastre. Os excusasteis, le disteis un besito en la calva y os pirasteis para casa; él se dirigió al interior de aquel lugar.
A la mañana siguiente, cuando llamaste a tu amigo, estaba hecho polvo de la pechá de beber que se había dado. ¿No te acuerdas de lo que te contó? Sí, en efecto, que se había despertado a las 6 de la mañana en su coche, con una factura metida en el bolsillo de la camisa de más de mil euros, resultado de pedir champán (ciento cincuenta euros la botella, y eso que era marca Cortinglés), invitar a cubatas y pasar la noche con cuatro muchachas. Pero lo malo no es eso, lo malo no es que no fuera a reclamar, lo malo es que se dirigió corriendo a tu casa, con un resacón del quince y factura en mano, ¡presumiendo de las cuatro chavalas que se había cepillado! Y ahora sé sincero, Pablo, ¿a la hora de merendar dónde le compráis a este muchacho los bocadillos de alfalfa? 2008-07-07 a las 10:11 | Jose Joaquin | 2 Comentarios | # Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://gadesnoctem.blogalia.com//trackbacks/58421
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