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CALABAZAS

Las notas deberían entregarse en noviembre o enero, un día de gris y tormentoso que amenazase lluvia. Porque ya me dirán ustedes qué hace uno un día de junio con un sol de justicia, el viento en calma, la playa esperando zalamera al lado del colegio, y tú con cinco cates entre tus manos, con tus padres en casa temiéndose el regalito que llevas.

Cinco cates, sí señor, tal y como ustedes lo oyen. Los mismos que el Sangre, Augusto y que Pablo Carbonell, uno menos que Richi, Joaquín y el Cubano, gracias a que la Curru me había cogido estima y me había echado una mano con Literatura. Kike, el muy cabrito, no tenía ni uno sólo. Weber quedaba pendiente de Inglés, al igual que un cabizbajo Nacho Cortázar que experimentaba, por primera vez en su vida, un suspenso… ¡incluso había llorado al recibir las notas!

En 1º de BUP estaba Alvarito repitiendo, que se había puesto las pilas y sólo le habían quedado dos, Matemáticas y Música. Sole, la nueva novia de Weber, no debía de ser mala estudiante, porque pasaba limpia.

 

¿A que ustedes entienden estos, en su mayoría, pésimos resultados? Habíamos superado los primeros amores más mal que bien, apoyado a nuestro amigo ante la marcha de su padre, hecho un supremo esfuerzo por aprobar inglés… vamos, que había sido un año muy fecundo, cargado de experiencias, lo que significa que no había sobrado mucho tiempo para estudiar.

Pero ya ven, mis padres no fueron tan comprensivos como ustedes. De hecho, mi padre no quiso ver las notas, y hasta donde sé sigue sin haberlas visto. Mi madre, que siempre fue más práctica, me miró de arriba abajo y me preguntó: “¿No te da vergüenza?”

“Es que, por más vergüenza que me dé, los suspensos no se van a esfumar” respondí muy en serio, aunque ella se lo tuvo que tomar como una burla, porque me empezó a perseguir por toda la casa para darme un sopapo que, benditas clases de Educación Física, logré evitar a base de correr y esquivar.

En algunas casas los suspensos no cayeron tan mal. Los padres de Alvarito se contentaron al ver que su hijo pasaría de curso aunque se pasase el verano tirado a la bartola, y el peligro de un internado se alejó. Los de Weber comprendieron que un suspenso no era tan malo, que seguro que era un error.

En otros casos se lo tomaron bastante a la tremenda. A Pablo Carbonell lo apuntaron en Acacias, la academia más dura de la ciudad, donde el dueño te hacía un bocadillo para que cenaras allí y pudieras estudiar más tiempo, en caso de que viese que no progresabas. A Joaquín, su padre le buscó una academia donde pasar todas las tardes, y “para que no te aburras, que el verano es muuuy largo” también le encontró un trabajo de camarero por las mañanas, en el negocio de un amigo.

También hubo algunas reacciones incomprensibles. El padre de Richi se comenzó a partir de risa cuando leyó las notas. La madre del Cubano metió al niño en un gimnasio. Seguramente estas extrañas conductas tuviesen una explicación, pero me temo que no seré capaz de encontrarla hasta que yo mismo sea padre.

 

Habría sido un verano muy duro, insoportable e interminable… de no ser porque a las dos semanas nuestros padres ya se habían tranquilizado y nos permitieron ir a la playa, salir por las noches y recuperar la paga semanal. Por supuesto, como siempre, nos pareció que habían tardado demasiado en perdonarnos nuestro… errr… llamémoslo lapsus cognitivo.

2008-07-01 00:11 | 2 Comentarios


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Comentarios

1
De: Kallejero Fecha: 2008-07-01 15:46

Yo tenía la suerte de que, desde 1º de BUP, en el colegio teniamos una cosas llamada Suficiencia, que permitía recuperar las asignaturas que quedaban para el verano... pero ¡en junio!.

Yo me especialicé en esos examenes. En matematicas mi media del curso fue 0.5 (haciamos un examen a la semana y mis notas era 0, 1, 0, 1,...) pero llegó junio y ¡10!, así con todo lo demás. Cuando mi padre se dio cuenta ordenó en el colegio que no me aprobaran si sacaba menos de 6... y me pegó un bofetón que aun me duele. Pero claro, le dí las notas: 6 cates antes de la suficiencia, todo meno Educación Física y porque el profesor era buena gente, porque me fumé todas las clases por un extraño y pasajero dolor de espalada.

Para colmo, mi tutor (nosotros teníamos uno por alumno y no por clase) le llamó para decirle que lo había celebrado en clase ¡joder no tenía que presentarme a Educación Física con el calor!, mi padre me cogió por banda, me preguntó qué había pasado, yo me eché a reir y plafff, guantazo.

Pero para septiembre no me quedó ninguna... ¡vosotros es que eráis unos vagos!



2
De: Jose Joaquin Fecha: 2008-07-02 12:08

No éramos unos vagos... es que almacenábamos tantas experiencias vitales que no nos quedaba tiempo a estudiar...



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