Gades Noctem
Cómo los cómics, el rol y el cine destrozaron mi vida... para mejor.

Inicio > Historias > NO QUIERO SER MI PADRE

NO QUIERO SER MI PADRE

Andrew: Dios santo, ¿seremos como nuestros padres?

Allison: Es inevitable, simplemente ocurre. Cuando te haces adulto, tu corazón muere.

El Club de los Cinco, 1985

 

 

El cubano parecía un fantasma. Que había perdido peso era evidente, bastaba con ver lo suelta que le quedaba la ropa, lo apretado que llevaba un cinturón que, hasta hacía unos meses, se abrochaba en el último agujero. No sé si dormía poco o si acaso mal, pero tenía los ojos hundidos, ojerosos. Pero donde más se le notaba que algo le pasaba era en el carácter.

Antes, nuestro amigo siempre había afrontado las cosas con humor y picardía. Si suspendíamos, nos consolábamos pensando que el tiempo malgastado leyendo tebeos había valido la pena; si la chica que nos gustaba se sacaba novio (y no éramos nosotros), nos pasábamos la semana hablando de las ventajas de la soltería. Todo tenía un lado bueno, y el Cubano siempre había sabido encontrarlo. Ahora, cualquier cosa que le fuese mal parecía destrozarle. Pasaba fines de semana sin dar señales de vida, estudiando unos exámenes que igualmente no aprobaba. Ya no hablaba de chicas, y recordaba con amargura el tiempo que había salido con Macu. Cuando lográbamos que viniera con nosotros, incluso cuando hablaba, incluso cuando se reía, se le veía como ausente. Su mente no estaba en el mismo lugar que su cuerpo.

 

“Es por su padre” me dijo Richi un día. “Lo echa de menos. Tal vez se siente culpable de que se fuera de casa.”

“Eso es una tontería” le contesté. “Sabes tan bien como yo que su padre no tenía ningún problema con él… o al menos ninguno serio.”

“Tú lo sabes, yo lo sé… ¿pero lo sabe él?”

Buena pregunta, ¿lo sabía él?

 

Justo antes de los exámenes decidimos ir todos juntos a estudiar a la biblioteca. No es que estudiásemos mucho, la verdad, pero al menos las tardes se hacían más llevaderas. Nunca nos reuníamos todos, no por mucho tiempo, pues las clases particulares nos obligaban a cortar las tardes por la mitad, o directamente a no acudir algunos días.

Entre el inglés de uno y las matemáticas de otro, un martes sólo pudimos reunirnos Richi, el Cubano y yo mismo. Durante dos horas, Richi y yo contemplamos como nuestro amigo miraba al infinito sin pasar una sola página de su cuaderno. De no haberle dicho que íbamos a salir a fumar, habría acabado levitando a base de vaciar la mente.

Ya afuera, decidimos coger el toro por lo cuernos. Hablamos sinceramente a nuestro amigo y le explicamos que él no era el culpable de lo que había pasado, que no podía seguir dándole vueltas al asunto.

“No lo entendéis. Sé que no fue culpa mía que mi padre se fuera, ni es culpa mía que no haya llamado ni una sola vez desde que se marchó.”

¿Entonces? ¿Qué era lo que tanto atormentaba a nuestro amigo?

“No dejo de darle vueltas a lo que ha pasado… porque no puedo evitar pensar que, algún día, me convertiré en mi padre. Creceré, me volveré un gilipollas y un egoísta, y ni siquiera me daré cuenta. ¡No quiero ser mi padre!”

El Cubano estaba siendo injusto con su padre, o al menos en parte. Sin embargo, le entendíamos perfectamente.

“Yo tampoco quiero ser como mi padre, Cubano.” dijo Richi. “Me niego a estar repitiéndole a mis hijos cómo deben vivir, cómo deben vestir, qué les debe de gustar.”

“Tampoco yo seré como mi padre” dije. Mis dos amigos me miraron sorprendidos, pues siempre habían pensado que mi padre era un buen tipo, y de hecho lo era, pero “No quiero dedicarme sólo a mi trabajo, renunciar a todo lo que me gusta y matarme en una oficina por la mañana y por la tarde. ¡No quiero ser mi padre!”

En aquel momento los tres éramos totalmente sinceros. Y nos sentimos a gusto al descubrir que era normal, o al menos no éramos los únicos, que queríamos vivir la vida a nuestra manera.

 

Ahora, al recordarlo, creo que nuestro miedo no era ser como nuestros padres, sino no ser capaces de aprender de los errores que estos habían cometido. Y lo cierto es que, hasta el momento, habré cometido multitud de errores en nuestra vida, pero ninguno idéntico al de nuestros padres. Donde quieran que estén, quiero creer que Richi y el Cubano pueden decir lo mismo.

2008-06-10 a las 00:43 | Jose Joaquin | 3 Comentarios | #

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://gadesnoctem.blogalia.com//trackbacks/57896

Comentarios

1
De: Javier Albizu Fecha: 2008-06-10 10:47

Nadie comete exactamente el mismo error que otra persona (ya sea padre, hijo, amigo, abuelo o hermano)
Las acciones y consecuencias pueden ser similares, pero lo que mueve a cada uno a tomas esas decisiones suele ser casi siempre algo unico y personal.



2
De: Illyria Grey Fecha: 2008-06-10 14:09

"hecha de menos" (¡¡¡Aaaaargh!!!) Corrígelo y elimina este comentario... Antes de que caiga sobre ti la ira de los Antiguos...



3
De: Jose Joaquin Fecha: 2008-06-10 14:45

La dislexia, que me puede...



Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 38.103.63.60 (5d9a038363)
Comentario



  

Archivos

<Octubre 2008
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
26 27 28 29 30 31  
             

Documentos

  • Aventuras de Carbonell
  • Cine y series
  • Clases y alumnos
  • Cosas que pasan
  • Cuentos
  • Historias que no se si me pasaron
  • Libros y comics
  • Musica
  • No se lo pierdan
  • Publicaciones
  • Rol

  • Blogalia

    Blogalia

    Tu IP es: Yo soy blogadita

    Planet Blogaditas

    Enlaces indispensables

    BIBLIÓPOLIS

    CATANDUR (Javi Fornell)

    CONSERVADO EN ALCOHOL (Claudio Cerdán)

    CRISEI

    CURIOSIDADES HISTORICAS

    DUCK CREATIVOS

    EL CHISTE DE MEL

    EL COLOQUIO DE LOS PERROS

    FRITZ ON LINE (Ricardo Olivera)

    REVESTIDOS

    SKULLPIRATES (Friki Town)

    TEBEOSFERA

    UBI SUNT?


    © 2002 Jose Joaquin