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¡LOS HEAVIES SON MUY PELIGROSOS!

Los seres humanos, para poder procesar la gran cantidad de información a la que nos vemos sometidos diariamente, hemos acabado desarrollando un proceso de “creación de etiquetas”, que nos permite simplificar y generalizar, haciendo más fácil (y a veces peligroso) usar dicha información.

Las etiquetas se basan en la “diferencia”, muchas veces diferencias arbitrarias. Así, si yo digo “magrebí”, estoy diferenciando a la persona cuyo origen se encuentra del Magreb de aquellos que procedemos de otro sitio. Si digo “homosexual”, diferencio al que tiene unas pautas sexuales diferentes a las mías, etc.

Las etiquetas son cómodas en tanto que, ya les decía, nos permite tener ideas previas. Sin embargo, muchas de esas ideas previas son tremendamente erróneas, convirtiéndose en estereotipos generalizados. En España hemos sufrido miles de veces estereotipos raciales (gitano = ladrón), sexuales (homosexual = afeminado) y de género (mujer = ama de casa). Nosotros y ellos. Lo correcto y lo incorrecto.

Hay que tener, por lo tanto, mucho cuidado a la hora de aceptar las etiquetas y los estereotipos como verdades universales. Y para ponerles un ejemplo, les hablo de mi amigo el Sangre.


A principio de curso, con sus 15 años recién cumpliditos, el Sangre (al que nadie llamaba así) era indistinguible de la legión de estudiantes que formábamos el BUP. En verano usaba politos, náuticos y pantalones blancos de tela; en invierto, camisas gruesas, chaquetas de pana, pantalones vaqueros y zapatos de goma. Tenía la cara redonda, pecosa y muy sonrosada, razón por la cual algunos le llaman “El Fresón”. No se metía con nadie, y muchos se metían con él. A las bromas y burlas, reaccionaba pasivamente, razón por la cual todos los matones se cebaban en él.

Hacia mediados de curso, no obstante, se dejó crecer el pelo (tampoco se crean que mucho), se colocó una camiseta negra con un demonio en el centro, unos vaqueros negros algo rajados, la chupa de cuero, la muñequera de pinchos y unas botas negras militares (que luego sustituyó por otras más molonas de motero). Pero salvo por su estética, mi amigo no cambió en lo más mínimo: seguía siendo un tipo tranquilo, aficionado a las novelas de fantasía, friki de los ordenadores y, sobre todo, de los videojuegos.

Un día, un tonto le llamó Fresón en plena cara. Mi amigo, empanado como siempre, no se enteró de lo que le decía, e inocentemente preguntó: “¿Cómo dices?”. El tipo se acojonó, le pidió perdón, y luego fue contando por ahí que se había librado por los pelos de una pelea al final de clase. Y menos mal que se había librado, no veas, menudo tiene que ser el tío, te pega con esas botas o con la muñequera de pinchos y te deja hecho un cristo.

Al tiempo, alguien le hice una broma de mal gusto sobre su sexualidad (porque claro, si lleva pelo largo, es que quiere ser una chica, no queda más remedio). Como siempre, el Sangre se quedó cayado, mirando fíjamente a la bromista en cuestión. Luego siguió con sus cosas, sin prestar más atención. ¡Menudo miedo le entró a la chica! El novio vino a recogerla en moto durante una semana. Porque con esas pintas, si te mira y no te dice nada, es que te la está guardando.

Al cabo de un mes, nuestro compañero había pasado a ser intocable. De ser un fresón sonrosado y pecoso, pasó a ser un tipo de sangre fría, “El Sangre”.

El cambio no ocurrió sólo en el colegio, sino también fuera de él. Los yonkis que se nos acercaban, de la noche a la mañana, nos rehuían si veían cerca a nuestro heavy. Los profesores ya no hacían comentarios jocosos si le veían dormido en clase, o si metía la pata en un examen (salvo Rafa Marín, claro, que sabía que el Sangre era una persona normal y corriente, independientemente de los demonios que luciera en su camiseta).

Incluso llegó un momento en el que la gente dejó de acordarse de que el Sangre no siempre había sido así, y aún hoy nos preguntan algunos antiguos compañeros, cuando te los encuentras en vacaciones, cómo era posible que unos tipos como nosotros (no sé si quieren decir modositos, frikis o normales) parábamos con un delincuente. Porque claro, con esas pintas, tenía que ser delincuente.


Es curioso, por lo tanto, cómo funcionan las etiquetas. Para nosotros, el Sangre era un tipo normal y corriente con ropa rara. Para ellos, un tipo peligroso y bronquista que podía reventarte a ostias a la primera de cambio.

2008-04-29 00:55 | 5 Comentarios


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Comentarios

1
De: OW Fecha: 2008-04-29 07:03

Qué buena gente, el Sangre.



2
De: HELLFIRE Fecha: 2008-04-29 07:56

Es el compañero ideal para ir de conciertos y luego coger el coche XD



3
De: Juanlu Fecha: 2008-05-06 10:25

Es gracioso ver cómo entremezclas en tus historias realidad y ficción, todo filtrado por tu punto de vista. No es una crítica negativa, sólo una observación.
El caso del personaje que has creado, el Sangre, ese... Es normal que la gente se cree un personaje de cara a la galería, todos lo hacemos, en mayor o menor medida...el problema es cuando tú mismo te identificas con el personaje que has creado. Te vuelves una caricatura de ti mismo.
Bueno, muchas felicidades por este blog, y tu capacidad de escribir tan fecundamente... de dónde sacaras esas ideas?:)



4
De: OW Fecha: 2008-05-06 12:00

Los demás son mezcla de personajes, y me cuesta reconocerlos.

El Sangre es auténtico, que le di clase yo.



5
De: Jose Joaquin Fecha: 2008-05-07 15:39

Por plagiar que no quede... plagio la vida de mis amigos de la infancia jajaja.



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