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LA TRAMPA...

A mí Alvarito siempre me había parecido un poco fanático con el fútbol. Y ojo, que yo entiendo que uno se pase las horas viendo partidos, que disfrute con sus colores y de vez en cuando sufra un poquito. Lo que convertía a mi amigo en un auténtico fanático era la pasión desenfrenada que ponía en aquel juego que, a fin de cuentas, ni le ponía ni le quitaba el plato de comida en la mesa.

Por ponerles un ejemplo, si el Cádiz ganaba, Alvarito salía de marcha a celebrarlo. Daba igual que le tuviera examen al día siguiente, que le se hubiera muerto la abuela o que su padre le hubiese retirado la palabra: su humor era excelente. Por el contrario, si el Cádiz perdía, se cabreaba tanto que se quedaba en su casa sin salir, amargado, lanzando improperios contra el árbitro, los directivos del club, la plantilla e incluso contra nosotros, que ya nos valía no ser aficionados, la ostia, así no podrían ganar nunca.

Un día me enteré que ese fanatismo de Alvarito era, quién lo iba a imaginar, genético. En efecto, parece ser que toda la familia de mi amigo sufría de una tendencia al comportamiento fanático, aunque cada cual a su manera. El padre de mi amigo era, por ejemplo, acérrimo capitalista y enemigo del comunismo, el bolchevismo y el marxismo (hasta tal punto, que decía cosas como “ser socialista es una tara física, como el daño cerebral.” ¡Que gran hombre!). Su abuela, moría por un penitente (aunque en verdad murió por una ola de calor), y hasta los 90 años no se perdía una Semana Santa. El más rarito de todos, su primo Jacobo, directamente se había metido en una secta.

 

Jacobo era, qué duda cabe, el personaje más rarito de la familia. Porque total, trabajando en un banco era normal que tu padre fuera capitalista hasta el tuétano, y habiendo crecido en los años y en la patria que le habían tocado, no me extrañaba la devoción semanasantera de aquella abuela… ¡lo que sí es raro es que alguien sectario en estos tiempos!

No me pregunten por el nombre de la secta, porque no tengo ni la más remota idea. Lo mismo no era ni una secta, sino una de estas ramas exageradas del cristianismo, que lo ven todo el blanco y negro. Lo cierto es que eran rígidos a más no poder, sobre todo en lo tocante al sexo: “la mujer debía de conservar su himen intacto hasta la noche de bodas.” Y la cosa es que Jacobo, que tenía 3 o 4 años más que nosotros, tenía una novia que era guapa, pero guapa guapa, y también sectaria hasta la médula. Y el pobre debía tener una lucha interna tremenda, porque cumplir aquellos preceptos de castidad debía de ser un poco duro, sobre todo a aquella edad.

Un día, no aguantando más, le propuso a la novia tener sexo sin romper la ley del todopoderoso. Había que llegar al altar con el himen intacto, vale, pero el cura no decía nada de que el culo también tuviese que estar en perfecto estado. Vamos, que Jacobo, con todo lo sectario y temeroso del altísimo que era, tergiversó la ley de dios con la misma facilidad que el abogado de un mafioso.

De leyes divinas sabría un montón, no lo niego, pero aquel primito no tenía ni idea de sexualidad. Así que, cuando llegó la hora, el buen gañán se lanzó a su tarea como aquel se come una natilla o enciende el televisor, con la mayor naturalidad del mundo, sin parar a preguntarse si aquello entraría así sin más o necesitaría lubricante. Y allá que la pobre novia comenzó a soltar unos gritos que ya ves tú, lo normal teniendo en cuenta la situación. Y Jacobino, que si de sexología sabía poco de sexo aún menos, pensó que aquello debía de ser buena cosa, que gritaba porque le gustaba, y con la satisfacción que da el haber conciliado el placer propio, el ajeno y las normas religiosas, le puso más brío aún a la cosa, por más que aquello rozara, porque a la muchacha parecía que le gustaba.

No debió salir muy bien el experimento, no obstante, porque tras aquello decidieron que casi mejor esperaban a la boda.

 

No sabría decir si la anécdota es cierta o no. Yo la cuento tal y como me la transmitió Alvarito. Sea como fuere, tras escucharla, uno se sentía tranquilo al pensar que nuestro amigo era rarito, pero no tanto…

2008-04-22 00:14 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: Midgard Fecha: 2008-04-22 10:46

No son los sectarios los únicos que han intentando eso... de hecho creo que no es poco frecuente...



2
De: Paseante Fecha: 2008-04-23 12:39

No, no es tan infrecuente como pueda parecer...



3
De: Jose Joaquin Fecha: 2008-04-23 20:37

Mi pésame a aquellas personas que noo hayan podido sentarse en varios días.



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