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EL CYBERCAFÉ Y LOS PRIMEROS CHATEOS

Nunca estuve muy puesto en eso que llamaban nuevas tecnologías, tal vez porque ni siquiera sabía bien cómo usar las viejas. Yo, que tenía que leer las instrucciones para usar un microondas o para poner en hora mi reloj, pensaba en los ordenadores como instrumentos malignos, más allá de la razón humana.

Lucke y Joaquín, muy por el contrario, habían abrazado con entusiasmo aquel nuevo universo tecnológico que se abría ante ellos. Supongo que en buena parte era culpa de sus padres, con suficientes recursos como para poder costear que sus hijos andasen a la última. De hecho, Lucke solía llevar en la maleta un teléfono celular, lo que hoy llamaríamos un móvil, que tenía el tamaño de un ladrillo, en cuya pantalla no aparecía el número que te llamaba (de hecho, ahora no recuerdo si tenía realmente pantalla), y que tenía una batería que duraba unas 8 horas. A nosotros aquello nos parecía ciencia-ficción. Si nos hubiera dicho que junto al celular tenía un rayo láser, nos lo habríamos creído.

No pasó mucho tiempo hasta que ambos comenzaron a utilizar un montón de palabras inglesas que yo no conocía (de hecho, y Obi Wan puede atestiguarlo, yo prácticamente no conocía ninguna palabra inglesa en aquel entonces): cyberchat, web, e-mail… una jerga exasperante que no entendía en lo más mínimo.

La culpa la tenía, al menos en buena medida, el cybercafé de debajo de nuestras casas, donde por 700 pesetas la hora (o por 5.000 pesetas el bono de 10 horas),  podías surfear sin límites. Como nadie parecía entender, no obstante, cómo se podía surfear sin límites conectándote a un ordenador, la frase acabó invitándonos a navegar sin límites. Luego, a los años, me enteré que los anglosajones dicen surfing a navegar por Internet.

Lo de conectarse a la red era algo bastante snob, no se crean ustedes. La excusa de mis amigos es que en EE.UU. todo el mundo lo hacía. Como aquella explicación no me convencía, no solía pasar por el cybercafé más que para tomarme eso, un café, mientras mis amigos surcaban los universos virtuales.

 

La única posibilidad que ofrecía el cybercafé - que a mí me interesara - era jugar en red. Valía 100 pesetas el cuarto de hora (aunque si no había más clientes, te podían dejar incluso media hora), y podías jugar al Duke Nukem o al War Craft.

Poco después, no obstante, Joaquín me mostró una nueva utilidad: la gente creaba webs sobre sus juegos de rol favoritos, y subía aventuras, personajes, relatos y dibujos que, con un pequeño retoque aquí y allá, podíamos usar nosotros mismos. También había algunas webs con chats temáticos, en los que podías comentar con otra gente tus juegos favoritos, intercambiar anécdotas, etc. No mucho después descubrimos un programa dedicado especialmente al chateo, el MIRC, donde podías encontrar a montones de personas con gustos parecidos a los tuyos.

No pasó mucho hasta que Joaquín descubrió que, por muy divertido que fuera chatear para conocer a gente con aficiones comunes, era mucho más interesante conocer chicas. Así fue como conoció a Lunita-060, una chica encantadora de alguna parte de Andalucía, con la que chateaba todos los fines de semana. Lo que ni Joaquín ni nosotros sabíamos era que la idealización puede jugar malísimas pasadas cuando uno mantiene contacto indirecto con otras personas.

Cuando Joaquín (Katal en las redes) y Lunita-060 (María en el mundo real) comprendieron que se gustaban, y mucho, decidieron intercambiarse unas fotos. ¡Maravilloso mundo de la informática que permitía conocer de forma instantánea la cara del corresponsal! Si se gustaban, pues habían decidido quedar y conocerse en persona.

Y yo no sé si a Lunita-060 le gustó o no la cara de mi amigo, pero cuando vimos que aquella chavala no era una chavala, sino una mujer adulta de casi cuarenta años, igual vestida y peinada que algunas de nuestras profesoras, casi nos dio un ataque (a Joaquín de incredulidad, a nosotros de risa). Imagino que lo de 060 era el año de nacimiento, claro. La pobre María tampoco tuvo que ilusionarse mucho con su Romeo adolescente, porque después de aquel fin de semana ambos dejaron de chatear.

2008-03-21 00:50 | 0 Comentarios


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