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PIJO ENAMORADO

Kike, el pijo de roche, ya no pensaba en la muerte. De hecho, le cogió tanto cariño a la vida que acabó enamorándose perdidamente de una compañera de clase. La afortunada se llamaba Nati, una chica alocada y risueña, de pelo castaño y rizado, rostro algo felino y uñas de colores.

Debo avisaros a todos aquellos que ya habéis pasado la adolescencia, a los que la vida adulta os haya hecho olvidar que una vez fuisteis Peter Panes enamorados de Gwendy, que el amor en la adolescencia no tiene razón ni sigue norma alguna, y que nace igual que muere, en el más puro caos. Así que no debéis de asustaros si os digo que Kike en su vida había cruzado dos palabras con Nati, que no conocía realmente los gustos ni aficiones de aquella muchacha, y que ni siquiera sabía si tenía novio, novia o amistades íntimas. Kike la amaba sinceramente, apasionadamente, masturbatoriamente (lo cortés no quita lo valiente) a base de estudiar su sonrisa, de verla debatir en clase, de observar cómo mordía la punta del lápiz mientras traducía infumables textos latinos.

También debo recordaros, Peter Panes en desuso, que el amor a los 15 años es una sensación que duele y quema, desgarra y oprime, hasta tal punto que es el sentimiento más noble, doloroso e irrepetible que se haya conocido. Así que tampoco deben extrañarse al descubrir que Kike se quejaba amargamente cuando, en un debate en clase, ella apoyaba un punto de vista diferente al suyo, o se quedaba fuera del grupo de trabajo en el que ella participaba. De igual manera, nuestro amigo alcanzaba los cielos si Nati le dirigía la palabra para pedirle unos apuntes, una goma o un rotulador.

La tragedia irrumpió aquel sábado por la noche cuando, al volver a nuestras casas tras beber unas copas en lo que más adelante se llamaría botellón, vimos a una figura femenina distante que, al cobijo de una casapuerta, besaba apasionadamente a un muchacho. Yo, que tengo una vista pésima pero unas lentillas óptimas, pronto distinguí que la chica era Nati, y el muchacho un guaperas de último curso. Rápidamente intenté cambiar de dirección, de conversación y hasta de tono, para evitar que Kike los viese. Pero el Cubano, que también nos acompañaba, no tuvo mejor idea que exclamar (posiblemente por culpa del alcohol, que achispaba su lengua pero apagaba su seso):

“No veas cómo se las gasta la Nati.”

Los siguientes días, Kike fue un mar de lágrimas, el hombre más infeliz del mundo. Intentamos animarle con bromas, partidas de rol y obsequios de tabaco. Sus padres le llevaron al psiquiatra una vez más, y éste le obsequió un delicioso pastel de ansiolíticos que, a la postre, dudo que sirviese para nada más que aficionarle a las pastillas. Richi, amigo de las terapias extremas, insistía en volver a amenazar al muchacho con un arma, pero en general no nos pareció una buena idea.

Cada vez que veía a Nati en clase, cada vez que ella le lanzaba una inocente sonrisa, él recordaba que el DESTINO no les había reservado estar juntos. Aquella sonrisa no era de cómplice y silencioso amor – pues todos esperamos que, en el fondo, nuestra amada sea tan tímida como nosotros, única razón por la cual no se decide a lanzarse –, tan sólo de compañerismo, puede que de amistad.

Entonces, durante un puente largo, Kike desapareció sin más. Era normal verle desvanecerse en la nada, pues a los padres les daba por hacer viajes de la noche a la mañana, o irse a Roche a pasar solo una noche o, peor aún, sólo unas horas. Sin embargo, a su regreso al colegio, Kike ya no tenía ese ceño triste y amargado, ni se le enjugaban los ojos cuando Nati le lanzaba una sonrisa o hablaba en clase. Un cambio profundo y misterioso había operado en nuestro amigo, haciéndole una persona feliz y optimista, y todo ello sin necesidad de apuntarle con un arma.

El secreto de nuestro amigo lo descubrimos poco después, una vez comprobamos que se iba cada vez que podía a Roche. ¡Y es que Kike tenía una novia!

El nombre de aquella ha desaparecido de mi memoria, pero su imagen permanece gravada en mi memoria, gracias a las fotos que Kike nos enseñaba. Ese recuerdo intacto no se debe a la belleza de la muchacha, ni a la sorpresa de descubrir que nuestro compañero estaba ennoviado. No, en absoluto, la imagen de aquella chica ha sobrevivido en mi memoria simple y llanamente porque era muy parecida a Nati.

Con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que Kike había ido convirtiendo a su pareja en una nueva Nati. El color del pelo y el peinado, la ropa… incluso le regaló una fragancia que, según descubrimos luego, era muy parecida (si no la misma) que Nati utilizaba, un perfume con un intenso olor a canela que creo se llamaba Eritaño. Aquella lenta transformación, que duró algo más de tres meses, nos daba pena y a la par esperanzas. Lo primero, porque ni el mismo Kike parecía darse cuenta de que seguía enamorado de su compañera de clase. Lo segundo, porque se le veía feliz y sonriente abrazado a aquel sucedáneo de nombre esquivo.

Un día, más o menos tres meses después de haber empezado aquella relación, Kike me llevó a parte en el recreo. No sé si me escogió porque fui el primero al que vio, o porque a base de leer los mismos tebeos habíamos cogido cierta afinidad, la misma que siente un cadista al ver en tierra extraña a otra persona con la camiseta de su equipo, por poner tan solo un ejemplo.

“Jose, mi chica y yo ya no estamos juntos.”

“La reostia, ¿pero cómo ha sido? ¡Si estabais muy bien!”

“Pues… porque me di cuenta de que no la quería. Yo sigo enamorado de Nati, y para bien o para mal eso es lo que hay.”

“Vamos, que la llamaste Nati mientras os besábais.”

“Eso mismo.”

Y así se saldó el segundo romance de mi pandilla, con lágrimas y risas.

2007-10-12 03:13 | 4 Comentarios


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Comentarios

1
De: Salther Ladane Fecha: 2007-10-12 09:53

¿Eritaño? Ese nombre me suena... o me huele :)



2
De: David Saltares Fecha: 2007-10-12 10:13

Menos mal que no lo solucionasteis con un arma jejeje. Esta claro que Kike en ningún momento se enamoró de la segunda chavala, sólo quería transformarla. Eso es cruel, pero supongo que él no se daba ni cuenta...
En fin, curiosa y triste historia.
Saludos.



3
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-10-12 12:27

Salther, es que era un perfume que acompañó una parte de mi adolescencia ;)



4
De: Salther Ladane Fecha: 2007-10-12 12:32

Eau de pheromone



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