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SOÑADORA


El verano acababa de comenzar, teníamos 15 años recién cumplidos, y los exámenes de septiembre parecían tan lejanos que dudábamos que pudiesen llegar algún día. Pasábamos los días bajando a la playa o acudiendo a clases particulares, las tardes jugando al rol y las noches entre partidas de billar.

De aquellos días recuerdo dos cosas con increíble precisión (tanta que, a veces, es difícil creer que todo esto no ocurrió ayer mismo). Una es aquel olor a menta, siempre mascando chicles de menta, siempre intentando borrar el rastro del tabaco. Lo otro que recuerdo es la voz de Macu, suave, graciosa e infantil.

Macu soñaba con ser cantante, con ver su sonrisa impresa sobre un millar de discos, con que las demás chicas del barrio repitiesen las rimas que ella garabateaba en los cuadernos de latín, con oír su voz al conectar la radio. Se llamaba Macu. Era una soñadora nata.

La conocimos por Pablo Carbonell, que por aquel entonces todavía no soñaba con ser guerrero sin antifaz a sueldo del estado. Vivían en la misma calle y, desde la ventanita del cuarto de su baño, si te subías al retrete, usando unos prismáticos, podías ver el cuarto de Macu. No es que se viera demasiado, claro, porque corría las cortinas para cambiarse de ropa y cuando tenía visita, pero Pablo se entretuvo mucho aquel verano jugando a “La ventana indiscreta”.

Un día Pablo decidió colgar los prismáticos y nos llevó a escuchar a ella y a su banda: SANGRÍA DE SESOS. Aquel grupo no era el mejor del mundo, ya saben, por aquello de tocar Trash Metal con guitarras españolas, usar un teclado de esos que te regalan en la primera comunión y una batería que había visto tiempos mejores. Lo único que bueno era la voz de Macu, que no pegaba ni con cola en mitad de aquella babilonia de notas confundidas, cuerdas desafinadas y ecos apagados. Menos mal que ensayaban en un garaje perdido en mitad de ninguna parte dónde no podían molestar a nadie, allá por la zona franca, lleno de trastos antiguos que usábamos como improvisados asientos.

Debo reconocer que no comenzamos con buen pie. Una de aquellas tardes que fuimos a verles ensayar, Macu me preguntó qué me parecían. ¡Lo fácil que habría sido mentir! Si apenas nos conocíamos, ¿qué importaba que yo pensara que eran horribles? Pero yo era un pesimista nato, y respondí: “No creo que os hagáis famosos.” Creo que me respondió algo así como que era un idiota, o que no tenía gusto musical.

No se piensen ustedes que aquello fue un trauma, ni nos convertimos en enemigos mortales, ni nada por el estilo. Acabó saliendo con nosotros, fue novia de algunos compañeros, siguió con aquella banda inefable y acabé perdiéndole la pista un par de años después, cuando se fue a estudiar fuera.

El verano pasado me encontraba en Sevilla, en un bar cerca de la Alameda, cuando de repente me di cuenta de que la camarera que nos atendía era Macu. Estaba cambiada y apenas la reconocía, tampoco es que yo fuera el mismo, veinte quilos más, sin gafas y con barba me hacían muy distinto del adolescente que ella había conocido. Habían pasado diez años después de verla por última vez.

“¿Qué van a tomar?” su tono ya no era suave, ni gracioso, ni mucho menos infantil. El tabaco, el alcohol y el paso del tiempo habían transformado su voz en algo diferente. Mis amigos pidieron unas cervezas y algo de picar, yo, de repente, le pregunté:

“¿Aún tenéis sangría de sesos?” mis amigos me miraron horrorizados, ya creían que había vuelto a olvidarme la medicación.

Macu se quedó confusa durante un momento, pero de repente su rostro se suavizó y una sonrisa, yo creo que triste, se abocetó en sus labios, como si un viejo recuerdo largamente enterrado luchase por salir a la superficie.

Me miró sin reconocerme (¿un antiguo compañero? ¿Un fan del instituto? ¿Acaso alguien de la pandilla?) y me respondió: “Hace tiempo que no.”

Pedí una cerveza, y de repente, al ver cómo se alejaba, lamenté no haberle dicho nunca que me gustaba aquella voz, no haber confiado nunca en sus sueños. Pero, sobre todo, lamenté no haberme equivocado.

2007-09-04 13:15 | 12 Comentarios


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Comentarios

1
De: Anónima Fecha: 2007-09-04 15:38

:(



2
De: Kitty Fecha: 2007-09-04 17:27

Que historia tan triste, pero uno nunca muere si se le recuerda, y probablemente el hecho de que te acordaras de ella y de su grupo le animó, digo yo.



3
De: Jaberwocky Fecha: 2007-09-04 18:28

Pues sí, no hay quien saque adelante un grupo si no se es punk o pop, lo mejor es no hacerte ilusiones.

Trash metal con guitarras españolas, me suena un montón, ¿no PoorPooland?

Aquí otros que no serán famosos: PoorPooLand guitarra y voz, JP a la batería y un servidor tocando el bajo.

http://www.youtube.com/watch?v=33QR-5ZpEfU



4
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-09-04 18:43

Acabo de ver vuestro vídeo... ¡está a años luz de "Sangría de Sesos"! (y el sitio donde tocáis también). También puede ser que estéis sobrios.



5
De: Jaberwocky Fecha: 2007-09-05 11:04

Pero está aún más lejos de cualquier posibilidad.

Me he acordado de otra cosa: el grupo de mi primo (del que "heredé" el bajo) se llamaba Brain Juice. Qué coincidencia, ¿no?



6
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-09-05 11:52

Qué bandas más monotemáticas jajaja.



7
De: poorpooland Fecha: 2007-09-05 15:58

Qué vergüenza, Dios mío...



8
De: Shazam! Fecha: 2007-09-05 16:22

Hace un tiempo había un montón de grupitos curiosos. Recuerdo que hacían conciertos en la Casa de la Juventud de Cádiz, e incluso se recopilaron varios cds... yo tengo el de "Cádiz Brutal", que era el heavy metal.



9
De: David Saltares Fecha: 2007-09-05 17:34

Muy buena historia, triste pero genial.
Cierto lo que dice Jaber, es muy díficil saltar a la fama con un grupo, por no decir imposible.
Saludos.



10
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-09-05 22:53

Siempre puedes ir a OT :)



11
De: poorpooland Fecha: 2007-09-06 12:03

Y vender tu cara, tu cuerpo y tu supuesto talento a un producto tan poco valioso, artísticamente hablando, que cuando terminas lo que menos te interesa es la música, solo quieres dinero y salir en revistas.



12
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-09-06 13:28

Sergio Makaroff tiene una canción sobre eso, que se llama "Paparazzis en mi jacuzzi", y viene a decir poco más y poco menos que en la música se puede triunfar de muchas maneras, pero la más rápida y segura es vender tu alma al diablo.



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