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PROTECCIÓN

Participar en una excavación arqueológica siempre es una experiencia increíble, extenuante por las muchas horas que uno paso excavando a pleno sol, pero también tremendamente gratificante cuando encuentras restos que pueden tener cientos o millares de años de antigüedad; da igual que descubras el esqueleto de una rata prehistórica, sientes como si acabaras de desenterrar el ajuar de un faraón egipcio.

Hace ya cuatro años estuve trabajando en una excavación en Castelldefels, en pleno mes de agosto, bajo un sol de justicia y con una calor endiablada. Estábamos excavando dos cuevas en la ladera de una pequeña montaña, a unos veinte metros de altura la primera y unos treinta la otra. Subíamos por medio de unos arneses arneses, y teníamos que llevar casco y demás equipo protector.

Jaume, uno de mis compañeros, se negaba a ponerse cualquier tipo de protección. Llevaba años excavando y aseguraba que las protecciones le daban mala suerte. En parte era normal que se negara: al medio día, cuando ya llevabas cuatro horas retirando arena con un cincel y una brocha, el casco parecía un microondas y el arnés te daba picores por todo el cuerpo.

El último día de la excavación, justo cuando iba a subir a la parte a las cuevas, a una de las compañeras que ya estaba arriba se le escapó de la mano el martillo con el que golpeaba su cincel. Todo el mundo se dio cuenta y miró para arriba, Jaume hasta señaló hacia el cielo, pero yo no me enteré de nada y el martillo vino a darme en la cabeza. Afortunadamente llevaba el casco puesto, por lo que el dichoso martillo rebotó sin hacerme el menor rasguño. Por desgracia, del rebote salió disparado hacia el brazo con el que Jaume había señalando, golpeándolo a la altura del codo y fragmentándole el radio.

Al pobre Jaume lo tuvimos que llevar hasta Sitges, donde tras un par de radiografías decidieron operarlo. Mientras se lo llevaban a quirófano, no dejaba de repetirme:

“¿Ves como las malditas protecciones me dan mala suerte?”

2007-08-08 02:31 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-08-08 03:04

Al año siguiente, en una excavación en una montaña de la provincia de Girona, empezó a llover y bajamos los últimos veinte metros de ladera rodando entre piedras y fango... ¡Para que luego digan que el Dr. Jones!



2
De: El del radio roto Fecha: 2007-08-08 21:43

¡Si no te hubieras puesto el casco el martillo estaría incrustado en tu cabeza en vez de haberme detrozado el radio!



3
De: Jose Joaquin Fecha: 2007-08-08 21:56

Moraleja:

"Nunca llueven martillos a gusto de todos."



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